Políticos sin madre

Por Nery Alexis Gaitán

La política nació en la Antigua Grecia con la finalidad de ayudar a los demás. El político recogía el sentir de los más necesitados y enfilaba sus esfuerzos a mejorar la calidad de vida de aquellos que representaba. Ser político implicaba servicio a los demás y nunca servirse de ellos ni violentar sus derechos.

Pero, como de todo hay en la viña del Señor, a través de los años hemos vivenciado, sobre todo en nuestro cielo patrio, que la política se ha vuelto un lucrativo negocio. Se invierte para ganar, ignorando que se debe actuar en beneficio de los más necesitados. Así, el político ha pasado a representar intereses de partido y de grupos, en detrimento de los sagrados intereses nacionales.

Al respecto hay que decir que no todos los políticos son iguales. Si encontramos políticos deshonestos, también es necesario aclarar que existen políticos honrados, capaces, a quienes les interesa el desarrollo del país y la convivencia democrática.
Estos son los políticos de calidad que echan a andar los engranajes e instituciones democráticas en aras del mejoramiento de la calidad de vida de todos los hondureños. Apoyarlos en sus proyectos es necesario e indispensable.

Pero queremos referirnos a esos malos políticos que solo se representan a ellos mismos, y lo que hacen es servirse del noble pueblo. En ningún momento manifiestan alguna empatía hacia aquellos que los eligieron; al contrario, solo males y desgracias le acarrean al país y a sus habitantes. Desde el 2009, para citar un ejemplo, los políticos de tendencia izquierdista solo luto y dolor han provocado en el país.

Aparte de ser artífices de la violencia política, quieren acabar con nuestra incipiente democracia. Hay que recordar que quien no ama a su patria tampoco ama a su madre que le dio la vida. Eso manifiestan al provocar daños, dolor y muerte en la familia hondureña.

Es obvio que la calidad humana de este tipo de políticos deja mucho que desear. Parece que el señor Orlando Zelaya Medrano, exprecandidato presidencial de los liberales, transita por esa ruta de la indignidad al haber entablado un juicio por bienes materiales en contra de su santa madre.

Él aduce que es una situación familiar privada y que no debe ventilarse en público ni relacionarla con su actividad política, que por cierto solo ha sido una cadena de fracasos. Se le olvida al señor Zelaya que una figura pública de sus características está expuesta completamente al escrutinio público, ya que miles de hondureños en su momento le confiaron la conducción del liberalismo, y por lo tanto, su accionar privado o público es de interés nacional.

El penoso caso en el cual se ha visto involucrado solo refleja a un político sin ningún amor, o al menos ninguna leve consideración, hacia su madre que es una anciana. Desgarra el alma oír sus declaraciones y contarnos cómo sus hijos la quieren despojar de su patrimonio, creado con su esposo, a lo largo de más de 30 años de arduo trabajo.

La pregunta que todos nos hacemos es obvia, si no le tiene ninguna consideración al ser que le dio la vida, ¿qué le va a importar el bienestar de los pobres, a los cuales dice representar? Dejo la respuesta a los amables lectores.

Orlando Zelaya, novato en política, llevó al Partido Liberal al fracaso más estrepitoso jamás visto. Y no contento con ello, ha sido caja de resonancia de Manuel Zelaya en contra de la estabilidad democrática. Así que, aparte de su torpeza política, ha evidenciado que es un hijo malagradecido a quien no le importa para nada el bienestar de su madre y, por conclusión lógica, tampoco el bienestar de los hondureños.

Entre más pronto haga mutis político, el liberalismo tendrá una nueva opción de triunfo. Honduras lo merece.