Más seguridad… ¡escolar, alimentaria y jurídica!

Por Rafael Jerez Moreno
Twitter: @RafaJerezHn

Quizás la cantidad de hechos fantasiosos que adornan las instituciones públicas me distrajeron lo suficiente, no me había enterado que estábamos en guerra.

Más militares y policías. Ese es el antídoto secreto. Así lo expresaron los dueños de la verdad. Dicen que los hondureños nos acostumbramos a percibir la violencia como algo normal. Hablemos de la costumbre. Según el filósofo Bruno Celano, subsiste una costumbre cuando varios individuos se conforman a una regularidad de comportamiento porque se espera que también los demás se conformen y por la misma razón. Habiendo dejado claro lo anterior, cambiemos un poco el contexto en el cual han afirmado que la costumbre se ha afianzado. ¿Se habrán acostumbrado nuestros políticos a cometer actos de corrupción?

Es probable que sí. Lo es, porque también los titulares de las instituciones públicas se acostumbraron a no hacer nada. Al menos contra los verdaderos responsables. Porque los extravagantes funcionarios públicos que merodean las calles de Tegucigalpa con brillantes disfraces y un consolidado ego, repentinamente pierden el valor cuando se trata de cumplir con el deber que la ley les manda.

Más seguridad, ¿para quién? ¿Cuántos militares y policías se utilizan para resguardar empleados públicos innecesariamente? ¿Cuántos son destinados para acompañar a familiares que no corren riesgo alguno?

Afirman con plena “seguridad” que ¡la población lo pide! Aunque, si nos remitimos al latinobarómetro 2018, los hondureños tienen un 35% de confianza en las Fuerzas Armadas y, un 33% de confianza en la Policía Nacional. ¿A quién creerle?

Un ejemplo. Guapinol. La historia –que aún no termina– de una comunidad que salió en defensa de los recursos naturales ubicados en la aldea, frente a poderosos intereses de apellidos rimbombantes. Fueron acusados 12 defensores del medio ambiente, por nada más y nada menos que el Ministerio Público, el presunto defensor de los intereses de la sociedad.

Amenazas e intimidaciones afectaron gravemente a los pobladores de la aldea, a tal punto que muchos de ellos abandonaron sus hogares. ¿Seguridad? Finalmente, los abogados defensores lograron demostrar la falta de veracidad de las acusaciones.

Pero, no se preocupen, estimados fiscales. Hay suficientes políticos, que merecen ser acusados, y que seguramente sí son culpables.

Certeza. Es lo que queremos. Certeza de que el día de mañana que nos enfermemos, podremos acudir al hospital a recibir un tratamiento digno, sin tener que agotar esfuerzos en noches benéficas. Certeza de que un joven no tendrá que verse obligado a emigrar hacia Tegucigalpa porque en su departamento o ciudad sí hay oportunidades. Certeza que se cumplirá y hará cumplir la ley. Sueños.

Más seguridad, escolar, alimentaria y jurídica.