Por: Nahúm Valladares y Valladares
El pasado viernes 15 de marzo se cumplieron 71 años de haberse inaugurado en Tegucigalpa el estadio Nacional y aún cuando solo contaba con 11 años de edad, recuerdo que en compañía de mi padre asistimos a la ceremonia y al juego inaugural que se realizó a las 11:00 de la mañana.
Antes de levantarse el coloso del Morazán, los deportistas capitalinos jugaban al fútbol y al béisbol en las canchas de tierra y arenilla conocidas como, el campo España, San Felipe (foto 1), el Imperial, donde hoy se levanta la Nunciatura Apostólica, , en la cancha de El Chile, en La Isla, el Birichiche, en La Bolsa, el campo del “Nueva Era”, donde hoy está el edificio de Banadesa, en la cancha de El Prado a orillas de un sector de la vía conocida como el bulevar Kuwait, donde hoy funciona un puente a desnivel, el campo Motagua bajo el puente Mallol y en la cancha al costado norte del Seminario Mayor, dondeen la actualidad funciona la Universidad Católica.
Tegucigalpa en esa época era la única capital centroamericana que no contaba con instalaciones deportivas adecuadas, porque en El Salvador ya se había levantado el Flor Blanca, en Costa Rica el estadio La Sabana, en Nicaragua el parque de baseball que se bautizó con el nombre de Anastasio Somoza García y Guatemala construía su estadio olímpico para ser escenario de los Juegos Centroamericanos de 1950 (el Mateo Flores).

Atendiendo una iniciativa del Club Rotario de Tegucigalpa, un grupo de entusiastas deportistas de la capital encabezados por
don Esteban Díaz , presentaron la idea al gobierno del Dr. y Gral. Tiburcio Carías Andino, en el año 1946, seleccionando el predio al pié del Juana Laínez (foto 2) y la iniciativa de ley la introdujo al Congreso Nacional el Ministerio de Educación Pública a cargo del profesor Ángel G. Hernández para emitir el decreto correspondiente y se asignara la partida presupuestaria para la construcción del estadio Nacional.
Aprobado el Decreto por el Poder Legislativo presidido por el abogado Plutarco Muñoz P., se encargó el diseño de los planos al arquitecto Francisco Prats Vides y las obras de ingeniería a los profesionales Luis Ulloa y Rafael H. Blanco iniciándose las mismas a finales de ese mismo año porque se avecinaba el término del gobierno y querían dejarse, junto a la terminal aérea de Toncontín, como obras significativas de la administración Carías.
El estadio ya terminando (foto 3) fue destinado para que en sus instalaciones se jugara al baseball y al fútbol y se dejo alrededor del engramado una pista para competencias de atletismo, que sirviera además, para el desarrollo de desfiles cívicos. El diamante para la práctica del béisbol se instaló en la parte norte e igual la meta o arco para jugar al fútbol que se desmontaba cuando era necesario.

La moderna instalación comprendía una gradería preferencial al costado poniente, con un voladizo de cemento y hierro a manera de medio techo para dar sombra en horas del mediodía y tarde, una gradería popular al costado oriental sin techo y otra en el costado norte para acomodar a los aficionados al béisbol.
El estadio Nacional se inauguró a las 10:00 de la mañana del 15 de marzo de 1948 en una ceremonia que presidió el titular del Poder Ejecutivo Dr. y Gral. Tiburcio Carías Andino (foto 4) acompañado por su gabinete de gobierno y altos funcionarios de su administración. El primer juego que se realizó minutos después de la inauguración fue protagonizado por el equipo Almendares campeón del béisbol cubano dirigido por Sungo Carrera y el seleccionado nacional a cargo de otra gloria de la pelota chica antillana, Isidro “El Papi” Fabré (foto 5).
Por la tarde, el seleccionado de fútbol de Honduras abrió una serie en la que participaban un equipo argentino, los representativos nacionales de Guatemala, El Salvador y Costa Rica. En el conjunto nacional dirigido por el técnico argentino Pedro Biondy, destacaban entre otros, Zacarías Arzú, Raúl Barahona (Joyo Chele), Armando Sosa (Majoncho), Rodolfo Godoy (Popo) Jacobo Godoy (El Tico) Rigoberto Castro (El Coyote), Alfonso “Foncho” González, “Cara de Hacha” Bandy, Julio Najarro, Peyito Velásquez y otras estrellas del balompié hondureño. Por la mañana vimos jugar a don Zaca béisbol como jardinero izquierdo junto a figuras como “Chiquirín” García, “El Pájaro” Kattán, “Chito” Reina, Beto Valenzuela, Alfredo Lara y otros y en la tarde defendiendo la camisola nacional como puntero izquierdo de la oncena nacional.
El estadio lució majestuoso adornado con las banderas de los países visitantes y en el predio frontal se levantó una preciosa fuente (foto 6), donde hoy funciona la Feria del Agricultor y para completar el complejo deportivo, un monumento construido en la cima del collado capitalino conocido como el Juana Laínez, donde don Paco Prats lo diseñó como un concepto modernista con dos de los aros olímpicos (foto 7).
En los años setenta el estadio Nacional fue modernizado se construyeron graderías en el extremo sur y se ampliaron las del sector norte, se levantaron dos niveles de palcos que se pusieron a la venta a personas y empresas, se modernizaron los vestuarios y se efectuaron una serie de reformas que cambiaron totalmente las instalaciones del coloso capitalino (foto 8).
El viejo estadio no solo ha sido escenario deportivo porque también ha servido para celebrar concentraciones cívicas en la fecha de la independencia con desfiles y también para ceremonias de tomas de posesión a la presidencia de la República en l957, 1971, 1982, 1986, 1990, 1994, 1998, 2002, 2006, 2010, 2014 y 20019.
El estadio Nacional de Tegucigalpa ha sido el marco esplendoroso de las grandes hazañas de nuestros deportistas y su engramado se ha regado en algunas ocasiones con las lágrimas de la derrota. Su historia está escrita en los eventos donde han descollado y lo siguen haciendo los grandes atletas hondureños; donde se ha escuchado el griterío y los aplausos de los aficionados, donde antaño brillaron los estelares del deporte, donde políticos ascendieron al poder de la nación y donde la juventud ha hecho gala del civismo y amor a Honduras en los desfiles patrios.

Hasta la próxima semana.