Calvario en las farmacias del IHSS

Por Armando Cerrato

Soy derecho habiente del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) desde 1971 y aun pensionado por invalidez y con 71 años a cuestas sigo cotizando por partida doble (cuota patronal y de trabajador) en virtud de un convenio existente y en vigencia entre el INPREUNAH y la institución.

Durante muchos años no utilicé los servicios del IHSS por mantenerme saludable hasta la edad de 40 años en que se me declaró diabético y comencé una larga carrera de visitas a médicos especialistas, que sin embargo no lograron controlarme como es debido y hoy estoy amputado de una pierna, ciego y con daño renal de importancia.

Gracias a que nunca dejé cotizar al IHSS hoy acudo dos veces por semana a su sala de hemodiálisis a recibir el tratamiento que permite que siga con vida a pesar del mal funcionamiento de mis riñones, permaneciendo conectado a un riñón artificial durante cuatro horas seguidas y con una operación especial en uno de mis brazos, donde un cirujano cardiovascular me hizo una fístula donde me colocan, mediante canalizaciones, dos agujas de succión y retorno de la sangre que a través de unas mangueras sale y retorna a mi sistema circulatorio, sin el líquido tóxico que debió haber sido filtrado por los riñones en su funcionamiento normal.

Resulta que para mantener la hemoglobina tras el procedimiento de diálisis, debe aplicarse a cada paciente según la gravedad de su enfermedad, una o más ampollas de un medicamento denominado eritropoyetina, la cual es recetada por el nefrólogo o médico internista que vigila la sala, y que siguiendo los protocolos se dan recetas para tres meses en entregas de dosis mensuales –según el caso–, en una de las farmacias adscritas a la emergencia.

La eritropoyetina es de uso delicado y debe mantenerse en refrigeración por lo que cada paciente carga su medicamento de uso consuetudinario en una hielera, avisando a la enfermera de turno que debe aplicársela al finalizar el proceso de hemodiálisis.

Hoy sostengo tener una bendición en el servicio de diálisis, pero vivo un calvario para que se me entreguen los medicamentos que los médicos que me tratan me recetan, porque a pesar de que los pacientes de hemodiálisis gozamos de algunas preferencias, las mismas están sujetas al capricho, modificado diariamente por las circunstancias de la vida que circundan la existencia de quienes atienden la distribución de fármacos en las diversas ventanillas.

Así muchas de estas personas encargadas de farmacia no entregan los medicamentos si el paciente no está de cuerpo presente ante ellos, o si la persona ha enviado a alguien, debe hacerlo con una autorización por escrito, y esta persona autorizada debe hacer una larga fila para que al llegar a la ventanilla el encargado la envíe a sacar fotocopia de su propia tarjeta de identidad y de la identidad y carnet del derecho habiente, aparte de exigir la receta respectiva, todo ese engorroso control se cumple de parte del derecho habiente, a veces –casi siempre– para recibir un “de esto no hay” y quizá en la próxima entrada de medicamentos venga.

Lo peor del caso es que los encargados de farmacia se comportan con prepotencia, soberbia e indolencia ante la demanda de los derecho habientes y hasta se niegan a suplir recetas dictadas por médicos que a su juicio no son especialistas en la materia, aunque para llegar a una consulta con un especialista siempre debe haber una remisión de un médico general.

Como ahora voy al hospital de especialidades del IHSS dos veces por semana, me entero que en sus farmacias no existen medicamentos especializados para el tratamiento de enfermedades crónicas terminales, como el lupus eritematoso, enfermedades oncológicas, deficiencias renales y otras.

En mi grupo familiar existe una derecho habiente padeciendo de lupus, a la que se le ha recetado Metrotexate, ácido fólico, Plaquinol y calcio como paliativos para los tremendos dolores de su sistema óseo, pero resulta que desde hace tres meses no hay Plaquinol, de vez en cuando Metrotexate y a veces calcio, si es que a la encargada de la farmacia se le antoja entregar la medicina tras largas horas de espera en cola de los derecho habientes, muchos de ellos remitidos desde lugares lejanos del interior del país.

Las encargadas de la farmacia además de discutir con los pacientes las recetas emitidas por los médicos, se niegan a entregar los medicamentos indicados si estos no aparecen en su sistema de cómputo que por A o por B el médico no realizó el procedimiento cibernético adecuado para almacenar en el sistema, que se supone ordena a la farmacia la entrega periódica de los fármacos, hasta por tres meses en que el paciente debe volver a consulta para control, cita que para conseguirla se debe vivir otro calvario, debido a la saturación de pacientes en el IHSS.

Licenciado en Periodismo