Honduras: principales desafíos de seguridad ciudadana y respuesta del Estado

Por Marcio Enrique Sierra Mejía

En Honduras, tenemos tres desafíos inherentes que complejizan y hacen difícil la ejecución de intervenciones efectivas en el ámbito de la seguridad ciudadana y lograr mejores resultados en él. Estos son la recuperación de la buena convivencia, construir la cultura ciudadana y la obtención de datos fiables y accesibles sobre violencia y delincuencia.

A. El desafío de la recuperación de la buena convivencia.
La cuestión de la recuperación de la buena convivencia es un asunto de Estado especialmente importante para atacar las múltiples formas de violencia y delincuencia, como el homicidio, la violación, la violencia doméstica, el maltrato infantil y de personas mayores, la extorsión y el robo. En Honduras, tenemos que combatir cada forma de violencia trabajando de forma compartida entre actores institucionales públicos y privados con voluntad y compromiso para crear condiciones que, le permitan a la ciudadanía, llegar a vivir juntos entre distintos con la expectativa de aprovechar fértilmente nuestras diferencias.

El reto de la buena convivencia es básicamente empoderarnos en que debemos practicar la tolerancia a la diversidad porque con esta actitud podemos eliminar la violencia. Lograr buena convivencia es respetar a los individuos sin importar su raza, credo, idioma, condición social, nivel de educación, cultura o ideología. O sea, creer que la tolerancia y la consideración de igualdad debe prevalecer en nuestra democracia. Necesitamos, contar con una conciencia que construya la coexistencia pacífica y armónica de grupos de hondureños en nuestro espacio territorial. Convivir bajo principios de solidaridad y ayuda mutua. Lograr convivencia familiar, escolar, humana civilizada. Es decir, irnos alejando del miedo y la violencia e imponer el cambio, un orden imaginario de lo que nos parece justo, donde todos seamos iguales y obligados a dar razones. Es un imperativo armonizar los intereses individuales con los colectivos y resolver los conflictos de manera constructiva. Mantener la condición de relacionarse con las demás personas a través de una comunicación permanente fundamentada en el afecto, el respeto y la tolerancia.

B. El desafío de construir la cultura de paz
Según la definición de las Naciones Unidas (1998, Resolución A/52/13), la cultura de paz consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones. La Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz (1999, Resolución A/53/243) identifican ocho ámbitos de acción para los actores al nivel local, nacional e internacional que proponen: por medio de la educación promover valores, actitudes y comportamientos que propicien la cultura de paz, como la solución pacífica de los conflictos, el diálogo, la búsqueda de consensos y la no violencia. Promover el desarrollo económico y social sostenible mediante la reducción de las desigualdades económicas y sociales, la erradicación de la pobreza y garantizando una seguridad alimentaria sostenible, la justicia social, las soluciones duraderas a los problemas de la deuda, el fomento de la autonomía de la mujer, medidas especiales para grupos con necesidades especiales y la sostenibilidad ambiental. Promover el respeto de todos los derechos humanos. Los derechos humanos y la cultura de paz son complementarios: cuando predominan la guerra y la violencia, no se pueden garantizar los derechos humanos, pero, al mismo tiempo, sin derechos humanos en todas sus dimensiones, no puede haber cultura de paz. Garantizar la igualdad entre mujeres y hombres por medio de la plena participación de las mujeres en la toma de decisiones económicas, sociales y políticas, la eliminación de todas las formas de discriminación y de violencia contra la mujer, el apoyo y la asistencia a las mujeres necesitadas. Promover la participación democrática, la libertad de información y comunicación y los intercambios de información y conocimientos son imprescindibles para una cultura de paz.

C. El desafío de la obtención de datos fiables sobre violencia y delincuencia
El estudio de la convivencia es complejo, pero se pueden medir los grados de conflictividad social que permitan visualizarlos con mayor propiedad y emprender las acciones de monitoreo y evaluación que al nivel local es necesario implementar, para asegurar un efectivo diagnóstico que contribuya a la elaboración y la ejecución del plan de convivencia y seguridad ciudadana. De modo tal, que podamos a partir de ese diagnóstico e identificar las intervenciones de protección, el grado de progresividad de la conflictividad social y de prevalencia de factores de riesgo, evitando que la convivencia caiga en una situación de polarización o de segregación en la que se tienen que aplicar medidas de disuasión o de control. Necesitamos realizar una valoración estadística de la relación entre indicadores de la escalera de conflictividad social y de la prevalencia de los factores de riesgo.