Por: Lic. Gustavo Adolfo Milla Bermúdez
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Progreso y miseria, es la asociación de la pobreza con el progreso, es el enigma de nuestros tiempos, es hecho central del que provienen las dificultades económicas, sociales y o políticas que tienen perplejo al mundo, contra las cuales luchan en vano el arte de gobernar la filantropía y la enseñanza.
Es el enigma que la esfinge del destino plantea a nuestra civilización, y no darle respuesta es ser destruido.
Todos estamos obligados en nuestro país Honduras, en atender el sentimiento del humanitarismo, nos llama a cumplir esta misión con responsabilidad patriótica, con amor. Recuerden los políticos que las reformas sociales no se conseguirán por los alborotos y tumultos o formando barricadas, quemando llantas, pintando paredes, rompiendo vitrinas, quejas y acusaciones, de partidos o las revoluciones de izquierdas o de derecha, sino por el despertar del pensamiento y el progreso de las ideas.
La revolución tecnológica nos está atrapando con el mudo del robot, es el que está suplantando en la industria automotriz y en otros estrados del que hacer de la vida del hombre natural. Es indiscutible que la tecnología esté avanzando vertiginosamente en el plano del proceso en el que se beneficie la humanidad para el confort de toda una sociedad. Si en verdad se está haciendo lo que se pensó primariamente para que el desarrollo llegara alcanzar al hombre del campo y al más humilde de la tierra.
Pero todo se ha transformado en plano en favor de una clase poderosa económica y científica en beneficio absoluto de los que tienen el futuro en sus manos de otros seres humanos; y solo una vacuna contra determinado “cáncer”, que su valor en dólares, es de 200 mil dólares americanos, entonces no es en defensa de ese desarrollo tecnológico y científico en beneficio para todo ser humano, pues sabemos que la mayoría es eminentemente pobre y no tiene esos recursos económicos para la salvación de su vida. ¿Entonces para qué el desarrollo tecnológico y científico, si solo sirve al grupo de poder? ¿En qué estamos, o dejamos al hombre como Dios lo creó, para que él viva su propio albedrío?
El origen de la pobreza viene del mismo hombre, pues en la sociedad se da de toda clase de elementos humanos, unos tienen la habilidad de producir riqueza, y estos son los que hacen el desarrollo de su país, crecen con abundancia y hacen a la sociedad fuerte, llena de valores substanciales para beneficio de la sociedad en que vive.
Pero el hecho es que el hombre vive en una sociedad que da la impresión que el ser pobre es una enfermedad solo para esa clase social olvidada, que mitiga constantemente en las orillas de las ciudades, o en los barrios marginales, o en los llamados muros de la pobreza.
Todos estos fenómenos sociales se dan en todos los estrados de cualquier país, son producto de las políticas equivocadas de los gobiernos y sociedades que viven en opulencia, que manejan y dirigen pisoteando la justicia y trafican con el derecho en beneficio de la clase económica poderosa. La historia está presente, en Francia nació Víctor Hugo con la obra “Los miserables”.
En la China continental, una nación grande en su dimensión territorial y en habitantes sobre la tierra, está siendo azotada por los mentirosos y corruptos que funcionan en el gobierno y corroen a toda la sociedad. El 7 de marzo del presente año 20l9, el Congreso aprobó una ley contra los mentirosos y corruptos. Todo aquel que deslinde en delitos contra el Estado será en ajuiciado en tribunales competentes y las condenas serán entre 15 y 20 años de prisión. Y en Hong Kong por robarle al estado lo de capitán y en Singapur le cortan una mano por vez primera. Todo lo contario en Honduras, aquí lo aplauden y lo felicitan, hace muy pocos años en el Congreso Nacional pasó dicho acontecimiento; que hasta la fecha el personaje no ha podido demostrar de dónde su mujer había adquirido dicha suma de dinero.
Y el caso de los de “Pandora” en que están los del “Arca Abierta” y la “Judicatura”. Y otros casos de mayor cuantía, que no termina ese hilo profiláctico de la corrupción.
Mientras no pensemos y actuemos correctamente, no podrá haber actuación acertada, la actuación acertada tendrá lugar.
De esa manera no será posible que nuestro país salga de las tinieblas a la luz.
Erradiquemos la corrupción, la mentira y al socialismo del siglo XXI, al populismo que regala al pueblo bolsas de mendrugos de pan.
No dejemos que nos roben la fe, la esperanza y nuestro modo de vivir en democracia y libertad. Sátrapas, perversos y malvados, como Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Raúl Castro, no los queremos nunca y jamás.
¡Que Dios salve a Honduras!