PRIMAVERA AHUMADA

DURANTE varios años, en este mismo espacio, hemos aclarado a nuestros lectores hondureños y extranjeros, que en nuestro país se registran cuatro estaciones. Las manifestaciones de las mismas son leves y extrañas, sobre todo por el deterioro continuo de los bosques. Hemos repetido que observamos anualmente dos estaciones secas y dos lluviosas. Las estaciones secas son el invierno frío y la primavera. Las estaciones lluviosas son, paradójicamente, el verano y el otoño. Lo hemos expresado siempre. Pero hasta que viene un científico a aclarar parcialmente los eventos, es que más o menos la gente pareciera aceptarlos, aun cuando unos pocos meses después continúen diciendo, hasta el infinito, que en Honduras sólo se registran dos estaciones: el verano y el invierno.

Veamos las cosas más de cerca. Ahora mismo comienza el equinoccio de primavera, una de cuyas características es el florecimiento de muchas hierbas silvestres, árboles y arbustos, que casi todo el año se encuentran secos. Aparecen, como de la nada, arbustos exhibiendo colores amarillos y morados intensos sobre los mismos farallones en los alrededores de Tegucigalpa. Y también en las viejas carreteras. La primavera es en verdad una estación seca, cuaresmal, cargada de colorido y acompañada con el sonsonete de las cigarras y chiquirines. El único problema para identificarla es que ahora las brumas generadas por los incendios forestales y en las zacateras, obstaculizan la observación de los interesados en los paisajes naturales. Al grado que en Honduras podría hablarse, con propiedad, de una primavera ahumada.

La primavera se extiende desde mediados del mes marzo hasta mediados del mes de junio de cada año. De ahí viene el verano que en el interior de los países tropicales suele ser caluroso y lluvioso. Es cuando los campesinos siembran sus milpas y arrozales. Y luego desde mediados de septiembre hasta mediados de noviembre, se registra el otoño con la caída de las hojas de los árboles, aguaceros torrenciales y tormentas tropicales. Es cuando los mismos campesinos siembran sus milpas de postrera y sus frijolares.

La última estación de cada año, en el hemisferio norte, es el invierno, lluvioso en la costa norte caribeña pero tremendamente seco y frío, en todo el interior del país, incluyendo la zona costera del sur. En la estación invernal centroamericana se celebran la Navidad y los comienzos de Cuaresma. Y aunque estamos en el mismo hemisferio norte, las cuatro estaciones son bastante diferenciadas entre los países del trópico y aquellos que se encuentran en las proximidades del Círculo Polar Ártico, en donde los fríos y nevadas son de orden mayor.

Por eso ya va siendo hora que los hondureños dejen de decir que en nuestro país sólo hay dos estaciones. Pues la señalización temporal no depende, en modo alguno, de los caprichos personales ni tampoco de las enseñanzas de los abuelos, sino de las inclinaciones de los rayos solares en relación con los movimientos rotativos e inclinaciones del eje de nuestro propio planeta. La naturaleza tropical lo expresa de varias maneras. Con lluvias copiosas o ausencia de lluvias. Con tormentas y fríos resecos. Con floraciones y cosechas o pérdidas de los granos vitales. Y con nuestros particulares estados de ánimo.
Ahora mismo ha terminado nuestro invierno seco y ha comenzado la primavera seca, con algunas lluvias ocasionales, como “el aguacero de los chiquirines”. Sin embargo, si antes la primavera era motivo para escribir los mejores poemas a la naturaleza y a las mujeres mestizas, hoy la primavera se encuentra ahumada, porque existen supuestos hondureños que se llenan de placer metiendo fuego incluso en los barrios de las ciudades.