Septiembre. Candidaturas prematuras

Por: Benjamín Santos

Voy a relacionar dos temas, uno político y otro de carácter cívico.

Prematuro es lo que se utiliza o se hace antes de que estén dadas las condiciones para hacerlo. Es como cortar un fruto cuando todavía está verde. Como ser madre o padre a los 13 años. En el caso que nos ocupa lanzar una candidatura a la Presidencia cuando el período presidencial apenas comienza. Como hay tiempos establecidos en la Ley Electoral para proponer precandidatos, quizá las candidaturas que se lanzan ahora más que prematuras sean inoportunas, no es la oportunidad para hacerlo. Los verdaderos liderazgos se cuecen a fuego lento. Un candidato que triunfa se da a conocer poco a poco a los estratos altos, medios y bajos de la sociedad en forma personal y no solo en comparecencias públicas, por los medios de comunicación social. Así el electorado puede informarse de su pasado, su presente y sus proyectos a futuro. Algo así como si entre el candidato y el pueblo se desarrollara una especie de noviazgo al viejo estilo para evitar sorpresas en el futuro.

Acaban de pasar las elecciones y todavía estamos viviendo las consecuencias que para las actividades normales del pueblo hondureño tienen las disputas que han quedado. El lanzamiento prematuro o inoportuno de candidaturas en el partido de gobierno le crea problemas al mismo partido que está gobernando, pero alborota también a la oposición que lo considera como un ventajismo inaceptable. Le crea problemas al gobierno y tiene razón el Presidente cuando dice que destituirá al funcionario que caiga en esa situación, supongo que en caso de que la persona desempeñe cargos de nombramiento, porque si está desempeñando un cargo de elección es más difícil. Este último sería el caso de don Ricardo Álvarez que se ha lanzado ya a realizar giras proselitistas para lo cual se ha vinculado a los productores de café cuya amistad es rentable en períodos electorales.

En la historia de Honduras ha habido todo tipo de candidaturas. Carías se mantuvo en la palestra pública diez años, de 1923 a 1933 en su lucha por alcanzar la Presidencia, porque tenía en su contra la política de Estados Unidos que negaba la posibilidad de gobernar a quienes hubieran participado en guerras civiles, posición que ya habían adoptado algunas doctrinas sobre el reconocimiento de gobiernos en Latinoamérica. Este no fue un obstáculo para que Carías con sus diputados dominara el Congreso en el gobierno nacionalista de don Miguel Paz Baraona y del Liberal de Mejía Colindres. Como una sucesión natural, pero con distinta orientación al gobierno de Carías sucedió el gobierno de Gálvez de gratos recuerdos para el pueblo hondureño. Luego vino la explosiva personalidad de Villeda Morales que en poco tiempo acaparó la atención del electorado hasta ganar las elecciones de 1954 que no se le reconocieron y vinieron los dos años de dictadura del que fue vicepresidente de Gálvez, don Julio Lozano que terminó con el golpe de 1956 que llevó al poder a Villeda Morales, después de lo cual vinieron las dictaduras militares.

Las candidaturas en la década del 80 se cocieron más a fuego lento. El liderazgo de Suazo Córdova se forjó a la sombra de Modesto Rodas Alvarado a quien sustituyó después de su muerte bajo el argumento de que era el heredero natural del liderazgo por voluntad del caudillo. En cambio Azcona levantó su liderazgo en oposición a Suazo que le negaba la posibilidad de ser candidato lo que condujo a la famosa opción “B”. Después vinieron liderazgos como el de Callejas, Maduro, polémico por el tema de la nacionalidad, Flores más espontáneo, Reina de larga espera, etc.

Toda la perorata seudo histórica anterior solo tiene como propósito recordar en el mes y día de la independencia que pretende dirigir los destinos de Honduras en el primer cuarto del siglo XXI requiere un alto nivel de honestidad, responsabilidad y preparación que no se compran en el mercado. Cuando sea tiempo de las campañas y no ahora en forma prematura, el pueblo hondureño debe examinar el pasado, presente y proyección futuro de los candidatos y quienes hayan desempeñado cargos públicos deben rendir cuentas antes de cualquier otra cosa.

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