LAS CENIZAS DE RUIZ MATUTE

Por: Juan Ramón Martínez

Más allá de los 90 años, acaba de morir en Londres, el pintor más sobresaliente con que contaba el país. Se trata de Miguel Ángel Ruiz Matute, que después de estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes y Costa Rica, trabajó en México como asistente de Diego Rivera en el Mural de Insurgentes y se estableció en España, en donde fue nombrado por algún tiempo, agregado cultural. Aquí, estudia los pintores españoles; descubre sus técnicas y desarrolla un nuevo sentido del color en que sin renunciar a la brillantez lumínica de las cosas, incorpora los tenues crepúsculos morados y los grises del norte de Europa y le da especial movimiento a las figuras. Viaja a Italia, donde vive con la intensidad del artista, la imaginación creadora de los pintores italianos, para al final establecerse en Londres, en donde después de muchos años, termina tranquilamente su vida.

El embajador Juan Alberto Lara Bueso, uno de sus amigos más cercanos junto a Ricardo Flores, nos confió que la última vez que se vieron, le dijo que ya estaba cansado de vivir. No era para menos. Una deficiencia renal le obligaba a dializarse, tres veces por semana.

Ocurrida su muerte, había pactado con Juan Alberto Lara Bueso y otros amigos, que su cadáver fuese cremado y sus cenizas, -divididas en dos mitades-, fueran diseminadas una en Menorca, lugar en donde huía de los inviernos londinenses al lado de quien fue el compañero de la mayor parte de su vida; y la otra, en la hondonada, en el viejo tramo inicial de la carretera del sur, en donde, el 14 de julio de 1929, fallecieron en un accidente automovilístico 7 jóvenes normalistas: Ceferina Artica, Felícita Pastrana, Manuela Gómez, Francisca Velásquez, María Inés Zepeda, Ramona Zúniga y Clementina Cardona G.

Sus cenizas fueron traídas a Honduras por Mirian Nasser, esposa del embajador de Honduras en Londres. Y confiadas a Juan Alberto Lara Bueso. Por amistad con este, Julio Cantero y Ricardo Flores, fui invitado al acto que se celebró frente al monumento que recuerda la memoria de las 7 normalistas. Allí nos dimos cita además de los mencionados, Allegra Medrano, Sergio Acosta, Marco Rieti, Julieta de Lara Bueso, Favio Solórzano, Mario Girón, Gabriela Gálvez Montes, Carmen Alejandra Díaz de Álvarez, y este servidor.

Además de la emoción del acto, -al que nunca antes había concurrido- lo que más me conmovió fue que, hasta el final de sus días, después de tantos años de vida europea, Ruiz Matute no olvidó nunca a Honduras, su patria. Y quiso, que sus cenizas para ejemplo de muchos, se mezclaran con la tierra generosa de un hondonada de las montañas hondureñas, en la vieja carretera del sur, -camino al Sauce- donde el poeta Juan Ramón Molina, picó piedra castigado por Terencio Sierra. Y dejaran sus vidas límpidas, siete mujeres que no pudieron dedicar su vida a la educación de la niñez hondureña. Todo un ejemplo cívico, del gran pintor Ruiz Matute.