SIEMPRE nos hemos interesado por la suerte de los productores de café. Son cientos de miles de familias hondureñas que dependen de esta actividad. Durante nuestra gestión administrativa, aparte de los destrozos terribles que dejó el huracán, hubo que lidiar con otra calamidad. Los precios del grano en el mercado internacional anduvieron por los suelos. Aparte de las subvenciones otorgadas para subsanar las pérdidas que enfrentaban se generaron fuentes de financiamiento complementarias para beneficio de los productores, que les permitiera equilibrar sus finanzas y dar el mantenimiento obligatorio a las fincas. Sin embargo, por mucho interés que pusimos en el rubro, ya que aparte de ser parte indispensable de la dieta básica del hondureño, constituye una de las fuentes primarias de ingreso para el país, no fue hasta ahora, que tomamos interés por los cafés de calidad.
Ello, gracias a la gentil visita que tuvimos de Marysabel Caballero y de su esposo Moisés, que en el año 2016 obtuvieron, con el café especial de su finca El Puente, en Marcala, La Paz, más de $120 la libra en la competencia de subasta de la Taza de la Excelencia. Llegaron con una bolsita de Café Geisha, de alta demanda en los mercados asiáticos, con sus trastos y chunches para darnos una demostración de cómo se elabora un jarro de exquisito café. Negro, al que no hay necesidad de matizarlo mezclándolo con leche y mucho menos embadurnarlo de cremora. Acostumbrado al café amargo de grano ya molido –del empacado en bolsitas– que echábamos a un filtro cualquiera en la percoladora, bajo la impresión que el colado era bueno si dejaba pasar el sedimento percudido que queda pegado al fondo de la taza después de ingerir la bebida, ese día los expertos conocedores de su oficio nos sacaron de la ignorancia. Nos ilustraron incluso, que el sabor del café adquiere paladares distintos en la medida cambia la temperatura de la bebida. Cada sorbo da un gusto diferente. Si el café es como el vino. Influye en su calidad la tierra, el clima, la altura para la siembra, el tipo de grano, la variedad, el tostado, el tiempo transcurrido después de la cosecha, el método de procesarlo, la separación de los frutos maduros, el despulpado natural, el molido, el grosor dado en la trituración, mejor si se hace unos segundos antes de prepararlo, el método de elaboración, la relación entre cantidades de café y agua y la temperatura, en fin, se trata de una ciencia envolvente y fascinante.
Dicho lo anterior, a manera de dar un toque más personal a este artículo, nos entristece saber que la caída del precio del café por debajo de 100 dólares el quintal, desmotiva a los productores y se convierte en un riesgo para que Honduras mantenga la quinta posición como mayor productor mundial. En la última cosecha 2017-2018 Honduras subió al quinto puesto desplazando a Etiopía al sexto lugar. Lo único que ha venido a paliar el impacto negativo de la caída del precio, que anda en los $95 el saco, cuando para obtener ganancias debe cotizarse por lo menos a unos $140 el quintal, es la promoción como la comercialización del café diferenciado. Los caficultores mantienen la expectativa de exportar este año 9.5 millones de quintales de café, similar al ciclo 2017/2018, de estos alrededor de 4 millones de sacos serían producto diferenciado. Hasta hace poco –como en una entrevista para Día 7 Marysabel cuenta que le decía un distribuidor– el café hondureño no tenía nombre como país. Costaba venderlo. Ahora ya no.