PEREGRINOS Y ARENAS MOVEDIZAS

PASÓ la novedad de las caravanas y poco polvo levanta ahora la suerte de los peregrinos. En el momento del auge hasta los políticos aprovecharon para hacer su agosto –si bien fuera de temporada ya que la bulla fue a finales de año y a principios de este– con ellos y su costal de penurias. Pero hoy, sin tanto ruido, por lo menos en este espacio editorial seguimos pendientes de su paradero. ¿Qué se hicieron, dónde están, cómo los tratan, cuántos cruzaron, cuántos lograron aplicar para asilo, cuántos regresaron y cuántos se quedaron estancados en México? Gracias a los enredos judiciales de las cortes federales con el Ejecutivo, acaban de dar otra extensión al TPS para los hondureños. (Como igual la prórroga abarca a otras nacionalidades).

Allá en el Congreso vuelve a ronronear la posibilidad de un arreglo para los “soñadores”. Sin embargo, lo que no constituye un acuerdo entre la Casa Blanca y los legisladores, cae en arenas movedizas.

Paliativos, bien recibidos, por supuesto, para mantenerlos en suspenso. Algo con que mitigar temporalmente la preocupación que los pesquen en redadas migratorias para regresarlos, pese a que muchísimos de ellos llevan años de vivir allá, echaron raíces con todo y familia. Lo que anhelan es una salida permanente por medio de una reforma al sistema inmigratorio que les conceda una forma legal de permanecer indefinidamente –aspiran obtener un camino hacia la ciudadanía– sin temor a las capturas. Una solución humanitaria y justa que los libere de la incertidumbre en que han estado, cargando a cuestas toda esa insoportable angustia. Mientras, la Casa Blanca ha ofrecido vetar cualquier proyecto de ley del Congreso que revoque su declaración de emergencia en la frontera sur, que le permite transferir fondos asignados a otros destinos para la construcción de la gran muralla. En su Twitter, Trump la califica de “Pesadilla de seguridad y humanitaria”. Ahora en lo que toca al azaroso trayecto de los peregrinos por territorio mexicano. AMLO acaba de confirmar que en efecto los secuestrados la semana pasada en Tamaulipas, son migrantes. No hay información sobre las nacionalidades de los desaparecidos. “El autobús en que viajaban los migrantes fue interceptado por un grupo de hombres armados a bordo de cuatro vehículos cuando viajaban por una carretera desde Tampico hacia Ciudad Reynosa, fronteriza con la estadounidense McAllen, y se llevaron a 19 pasajeros con rumbo desconocido”.

Sin embargo agregó: “Se está investigando para tener certeza porque hay hipótesis de que es una forma de introducirse al territorio estadounidense, que no es que desaparezcan sino que cruzan así la frontera”. Lo que sucede, también, es que hay antecedentes dolorosos. “En agosto de 2010, fueron secuestrados y asesinados 72 migrantes, en su mayoría centroamericanos, cuando viajaban de manera clandestina hacia Estados Unidos, masacre atribuida al cartel de Los Zetas, que supuestamente intentó reclutarlos a la fuerza”. Continuaremos insistiendo sobre este tema que conmueve a los cientos de miles de compatriotas que –a riesgo de sus propias vidas– dejaron su hogar, en procura de mejores oportunidades. Con los que el país está en deuda. Los que lograron cruzar con sus remesas familiares son el soporte más fuerte que recibe la economía hondureña.