Por Jorge Roberto Maradiaga
Doctor en Derecho Mercantil, catedrático universitario
y especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial
El teletrabajo. No cabe la menor duda que ello entraña una innovación con incidencia en nuestro acontecer social. En efecto, los hechos demuestran en forma completa que el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, junto con la modificación de los modos de producción, han traído grandes cambios en lo relativo al empleo, a la contratación y las formas que adopta la relación laboral. Así, el teletrabajo se convierte en una alternativa a las formas tradicionales de empleo y a la inserción laboral de los jóvenes que buscan empleo. Ello entraña una serie de efectos a distintos niveles: económico-laboral, jurídico-contractual, social-familiar y tecnológico.
Con visión futurista, muchas empresas y aún gobiernos, “ya” están trabajando en proyectos de creación de Centros de Orientación y Consultoría para el Teletrabajo, y Centros de Teletrabajo, como nueva forma concreta de inserción laboral. El trabajo es concebido como toda actividad que el hombre y la mujer desarrollan para procurarse los medios de sustento de la vida propia y de su familia. Esto basado sobre el derecho que todo ser humano tiene a la iniciativa laboral, que le permite usar sus talentos personales para desarrollar una actividad que le resulte provechosa. El acceso al trabajo y al ejercicio de la profesión, deben estar abiertos al ser humano, a personas de cualquier color, incorporando además a los discapacitados.
La técnica ha venido desplazando el centro de gravedad del trabajo humano al dominio de la máquina y ha hecho al hombre “servidor” de su propia creación. Esto quiere significar, que trabajando con la máquina el hombre queda impregnado del automatismo propio de la máquina; la que está llena de determinismos físicos y doblega a su propia ley a los hombres que la sirven. Este mecanismo modela la uniformidad de las actividades humanas, disciplinándolas en el proceso de la producción y de mercadeo.
No cabe la menor duda, que las fábricas robotizadas han llevado la productividad a su punto de optimización. Hoy los empresarios necesitan lo que ninguna máquina les puede dar: conocimientos prácticos, experiencia, creatividad, capacidad de discernimiento. Pero cabe la interrogante: Nuestro sistema educativo ¿prepara acaso para esa perspectiva laboral?.
Las nuevas tecnologías proponen la superación de la mecanización. En lo sucesivo, ningún saber-hacer adquirido será definitivo. El fenómeno de internet, muestra claramente la amplitud de las incertidumbres. Uno de los tratadistas del tema Keynes puntualiza: “Descubrimos medios para economizar la economía a una velocidad más rápida de la que somos capaces de encontrar nuevas utilizaciones del trabajo humano”. Las nuevas tecnologías hasta ahora han creado pocos nuevos empleos y han destruido los viejos. Cabe preguntarse: ¿Cómo medir la frustración generalmente de la clase media para quienes el éxito de los estudios permitía alimentar ambiciones laborales elevadas? La perspectiva de una vida laboral activa aparece ahora como una sumida en el mar del desconcierto.
Digitalización de los servicios. Quienes pierden su trabajo por la automatización en los sectores primario y secundario de la economía, se desplazan hacia el sector de los servicios; pero la tecnología computacional penetra también en el ámbito de los servicios, pues avanza la digitalización de los servicios. Su presencia se hace visible en las esferas crediticia-financiera, contable, comercial y de salud. Las PC pasan a ser de uso corriente, avanza la digitalización de la vida cotidiana; estas ya son parte de los objetos que pueblan nuestra cotidianeidad. De esta forma el desempleo tampoco alcanza a ser compensado por los empleos del rubro servicios. Los servicios son un refugio laboral transitorio en tanto y en cuanto un “software” (soporte lógico) cada vez más optimizado y simplificado en su interfaz operativa está reemplazando a los seres humanos de todo el mundo.
Es sumamente importante destacar: Las máquinas no tienen moral. Se señala, la tecnología no es ella en sí misma culpable de nada, no son solo factores tecnológicos los que influyen en el fenómeno del desempleo, sino también otras variables de carácter social, económico, político, de organización empresarial, etc. Ahora bien, la variable tecnológica impone su propia lógica en el mercado y por eso es tan significativa: introduce exigencias de financiación, condiciones de competitividad, e incluso influye en las nuevas formas del trabajo.
El desocupado queda “al margen” de la sociedad mercantilizada que es el tipo de sociedad considerada “normal”, con lo cual él por desempleado es diferente, un sujeto patético. El estrés avanza de la mano de una vida “en peligro”. La clase media decae, y con ella decaen los incentivos de movilidad y ascenso en la escala social. El resultado es: hambre, hacinamiento, prostitución, drogas, incremento de la agresividad y de la violencia (racismo, xenofobia, delincuencia). ¿Qué hacer?
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