Por Segisfredo Infante
Honduras es un pequeño país cargado de grandes paradojas colectivas. Una de ellas es que aquí todos somos “expertos” en futbol. Pero los equipos futbolísticos hondureños apenas sobreviven en los estadios nacionales e internacionales, por desnutrición congénita de los jugadores; o por circunstancias multifactoriales. Una segunda paradoja es que aquí casi todos sabemos pontificar sobre política. Pero apenas podemos coexistir políticamente, es decir, civilizadamente, buscando la tolerancia y el bienestar común de las personas y de la sociedad concebida como la suma heterogénea de todos sus individuos. La segunda paradoja podría ramificarse en varias subparadojas. Por ejemplo, habría que volver a formular la pregunta acerca de cuántos políticos hondureños y centroamericanos han leído realmente la “Política” del sabio Aristóteles; o “El Espíritu de las Leyes” del Barón de Mostesquieu. Supongo que algunos dirigentes políticos sí lo han hecho. Pero también tengo derecho a suponer que la gran mayoría de opinantes que se desgarran la garganta gritando contra todo parroquiano sus conocimientos inquisitoriales de política, jamás de los jamases han leído al ciudadano Aristóteles. Tampoco al aristócrata ilustrado Montesquieu. Mucho menos han leído al pensador democrático Alexis de Tocqueville. Por supuesto que han leído “El Príncipe” de Maquiavelo, y lo han descontextualizado históricamente.
Algunos lectores aislados podrían argumentar que es una terquedad de parte mía volver cada rato con el tema del filósofo Aristóteles. Pero entonces convienen las aclaraciones pertinentes. La primera de todas es que bajo el árbol frondoso de la Filosofía metafísica y de la lógica, surgió y se desarrolló una gran parte de las ciencias y disciplinas antiguas, como la física teórica primigenia, la cosmogonía, la geometría, la moral, la ética e incluso la teología, desde los tiempos de Tales de Mileto, de Pitágoras, de Sócrates y de Platón. Sin embargo, habrá de ser el genial Aristóteles el encargado de clasificar y de sistematizar todos los pensamientos de la Grecia clásica, en unas direcciones y en otras, a veces contradictorias. Precisamente, para abordar el asunto que hoy por hoy nos concierne, hay que subrayar que Aristóteles es, sin lugar a dudas, el fundador de la “Ciencia Política”, y el primero en clasificar al Hombre como “zoión politikón” (o “animal político”), concepto reinterpretado posteriormente como el de “animal racional” o “animal naturalmente social”. Pero la frase radical de Aristóteles en su obra la “Política” es la de “zoión politikón”, a fin de diferenciar al Hombre griego, o al ciudadano que coexiste en una “polis-Estado”, del resto de los animales y del mundo de los bárbaros.
Casi todos los escritores y pensadores occidentales que han incursionado en el campo de la política, han abrevado en los manantiales aristotélicos, sea por acción, pensamiento u omisión. La misma obra moderna de Montesquieu es inconcebible sin el pensamiento filosófico y político de Aristóteles. Es más, aquella idea decimonónica que los filósofos anteriores se habían dedicado “a interpretar el mundo y que ahora debemos transformarlo”, se encuentra tácitamente concebida en la “Política” de Aristóteles, en tanto que para el filósofo griego el solo hecho de pensar rigurosamente, implica una acción. Por supuesto que las cargas semánticas de los viejos conceptos aristotélicos han experimentado variaciones con el curso de los siglos y de los nuevos idiomas. Pero el nudo central de su obra se mantiene complejo, rico e intacto. Exceptuando aquellas partes que tienen que ver con las limitaciones científicas astronómicas de su propio tiempo.
Es tanta la influencia de Aristóteles sobre la modernidad, que el mismo Guillermo Hegel tuvo que retomar el tema del “amo” y del “esclavo” que aparece originariamente en la obra de Aristóteles, como una limitación histórica de la antigüedad griega. Sin embargo, además, casi todos los temas que ahora mismo se abordan sobre el Estado, la democracia, la educación, la libertad, las constituciones, la legislación y el “bien común”, se encuentran abordados filosófica y políticamente por Aristóteles. Por ejemplo, Aristóteles es quizás el primero en sugerir la búsqueda del equilibrio y del “justo medio” en política, apoyándose en las “clases medias”. Lástima grande que estas clases medias pierdan de vista su papel histórico de mediadoras para convertirse, en el siglo veinte y parte del veintiuno, en instrumentos de algunos fanáticos totalitarios, neopopulistas, fundamentalistas y semi-totalitarios. A veces con tendencias de “pensamientos únicos”, de bandos contrapuestos.
La “Ciencia Política” es hija directa de la gran Filosofía. Como la Filosofía es heredera directa e indirecta, lejana y cercana, de los mejores pensamientos poéticos y cosmogónicos previos del Cercano Oriente y de la misma Grecia. Así que mi propuesta de organizar un “Centro de Instrucción Política” (LA TRIBUNA, jueves siete de febrero de 2019), sigue teniendo vigencia. No deseo, por mi parte, ningún protagonismo personal. Tal “Centro” debiera ser multipartidario para todos aquellos interesados en salvaguardar la república, y enriquecer la democracia cada día, sin escándalos mediáticos.