LO que decíamos ayer. El embuste acostumbrado. Echarle a otro la culpa de todo por lo que no quiere asumir responsabilidad, aún cuando el escándalo se derive de un problema de su propia hechura. El sistema eléctrico ha colapsado por falta de mantenimiento del gobierno. Sin embargo Nicolás arguye que se trata de un “ataque eléctrico de los Estados Unidos” y como si eso no fuera suficiente cuento –porque la culpa hay que derivarla a todos los enemigos– el fiscal general ha ordenado una apertura de investigación contra el autoproclamado que encabeza el gobierno interino. ¿Por qué contra él, en el supuesto que fuera cierta la farsa de Nicolás que es el imperio que dirige ataques electromagnéticos y de hackeo cibernético al sistema? Por considerarlo “autor intelectual” del “sabotaje”. De acuerdo a la trama que también le achaca culpa del siniestro –a cualquier otro menos al responsable que todos saben se trata de un régimen incapaz e inútil que tiene arruinado el país– no solo agarran de encargo al enemigo externo sino al interno.
De eso se trata el ardid. De inventar fantasmas a quienes echar culpas. Por un twitter de Guaidó, el fiscal aduce que ello constituye prueba irrefutable –como quien agarra al delincuente in fraganti, con las manos en la masa– que se trata del “autor intelectual del sabotaje eléctrico ya que hace un llamado a una guerra civil en medio del apagón”. Lo que hizo Guaidó fue llamar a la gente a salir a las calles a protestar por el inédito apagón que los mantiene en tinieblas. Nicolás ni en broma acepta que el apagón ocurrió por descuido de su gobierno al no dar el mantenimiento adecuado al sistema. No dan mantenimiento ni a los equipos, ni a las torres de transmisión, debido a la grave crisis política, social y económica que atraviesa el país. Todo eso lleva años de abandono. Pero Nicolás no hay responsabilidad que admita por todo ese desastre que ha hecho. Son los gringos, es Guaidó, son los bloques opositores, en fin, el pobre pueblo que sufre, los culpables de la desgracia. (Hasta aquí lo que se refiere a las maquinaciones de Nicolás para engañar incautos). Lo otro que mantiene en vilo a la vecindad es el desenlace de la crisis nicaragüense. Ya empezó la otra tanda del diálogo en Nicaragua, después del rotundo fracaso de la primera ronda. En esta oportunidad la Conferencia Episcopal rechazó involucrarse como testigo de las pláticas, después que la vez pasada el comandante sandinista y la Chayo mandaron a los obispos a oficiar misa a otro lado por considerarlos parciales a los opositores.
Las pláticas se han suspendido nuevamente, no solo por ese impasse sino porque la Alianza Cívica –de estudiantes, empresarios y sociedad civil– exige que suelten a todos los presos políticos. Todavía en los últimos días, la guardia nacional anduvo haciendo redadas y capturando gente, pese a que ya días acabaron las protestas. Una misión de la OEA llegó a Nicaragua para analizar su incorporación al diálogo en momentos en que está estancado, por las posiciones contrarias del gobierno y de la oposición sobre la liberación de los detenidos y el cese de la represión. De la agenda desapareció la exigencia anterior de montar un gobierno interino para anticipar las elecciones. La OEA mandó a Nicaragua como delegado, encabezando la misión, a uno de los funcionarios que estuvo aquí en Honduras durante la pasada crisis política. Precisamente cuando se suscitó aquel enredo electoral de once mil vírgenes que casi mete al país en un callejón sin salida. Lo grave del desbarajuste nicaragüense es que aunque se arreglen, reponer el inmenso daño va a tomar mucho tiempo. Como advertencia a los pirómanos que gustan encender leña con ocote sobre la zacatera seca.