Por Armando Cerrato
Sociológicamente la familia se define como “el núcleo de la sociedad” y la sociedad es “el conjunto de personas que se relacionan entre sí, de acuerdo a unas determinadas reglas de organización jurídica y consuetudinaria, y que comparten una misma cultura o civilización en un espacio o un tiempo determinado”.
Por cuestiones sociológicas, psicológicos y filosóficas, en la sociedad hondureña la familia tiende a ser comandada, dirigida y organizada por mujeres, lo que convierte a la organización social en un matriarcado, lo que deja a los hondureños como perdidos en el tiempo, viviendo como al principio de la organización humana.
La familia organizada dio origen a los clanes, los clanes a las tribus, las tribus a los pueblos y los pueblos a las naciones, las naciones políticamente organizadas dan origen a las sociedades, las sociedades en su desarrollo dan origen a la civilización y con la civilización nace la cultura; y cultura y civilización dan origen a los límites de convivencia enmarcados en la ley.
El que la familia hondureña sea un matriarcado se debe al machismo tradicional y culturalmente arraigado en el sector masculino, donde es más hombre el que más mujeres seduce, conquista o viola y el que más hijos tiene sin responsabilizarse por su crecimiento formal, abandonándolas desde que están en formación en el útero femenino.
Hoy en día existe toda una legislación para obligar al hombre a cumplir con las responsabilidades de padre, esté legítimamente unido a la mujer o su unión sea de hecho, pero el brazo de la ley solo alcanza a aquellos que han sido denunciados valientemente por sus parejas, usualmente víctimas de violencia intrafamiliar y abandono.
Es por ello, que la mayoría de los hondureños amamos, respetamos y veneramos a nuestras madres, porque ellas con un esfuerzo extraordinario a veces llegando a límites inconcebibles de sacrificio logran criar a sus hijos, educarlos y convertirlos en entes útiles para el desarrollo de la sociedad y engrandecimiento de la patria en beneficio de una sociedad que debe acelerar su desarrollo en beneficio colectivo, como sociedad políticamente organizada, la hondureña ha creado un estado de derecho donde la mujer comienza a valorarse políticamente, dado que por razones naturales es mayoría en las estadísticas poblacionales y comienza a luchar por desfacer el concepto machista sin resaltar su matriarcado.
Es por ello que ha extrañado el que varios hijos se unan en una demanda contra la primogenitora de sus días, queriéndola despojar de los bienes que para su subsistencia le heredara su difunto esposo, quien además previendo conflictos posteriores a su deceso repartió en vida, lo que con esfuerzo de toda su vida logró acumular.
Lo más grave del asunto es que en la demanda aparece un líder político liberal, que aspira a volver a ser candidato a presidente de la República tras un primer intento fracasado, que además ha dividido al Partido Liberal por ir en contra de sus principios: “sumar, unir, vencer”.
Esta actitud contra la progenitora de sus días por cuestiones estrictamente económicas y familiares, ha conmovido a la sociedad hondureña que en su mayoría no concibe como un hijo, con una preparación académica privilegiada, ocupando el liderazgo de un partido, que ha detentado el poder de la República en varias oportunidades, no tenga la conciencia de respetar la última voluntad de su padre y la integridad y supervivencia de su madre y mucho menos se espera que de llegar al poder respete los valores y principios que rigen la sociedad nacional, por lo que se cree, se desea y se le pide que renuncie a la dirección del partido y se retire del ámbito político en forma definitiva e inmediata, si es que antes no retira la demanda interpuesta contra su madre junto con sus otros hermanos.
Licenciado en Periodismo