PUES bien se trata del mismo embuste de siempre. Como hay que echarle a otro la culpa de todo por lo que no se quiere asumir responsabilidad –aún cuando el escándalo se derive de un problema de su propia hechura– hay que crear fantasmas agresores a los que se pueda señalar. Eso, que es la manera hipócrita de reaccionar para derivar en otros la carga de sus propias culpas, el jefe de la autocracia venezolana ha perfeccionado como especialidad. Concibe amenazas con que arrear a sus fieles seguidores, achacando supuestos ataques a un poder superior para esconder la forma ruinosa en que maneja el cargo, con el que ha convertido un país de reservas inagotables de petróleo, en vergonzosa piltrafa. Los historiadores que han estudiado variedad de totalitarismos –cualesquiera que haya sido la inclinación– a través de los tiempos, ilustran que el dictador sigue un libreto. Ocupa crear enemigos internos y externos con que desviar la atención sobre la naturaleza real de los problemas.
“El enemigo externo, a veces abstracto (ejemplo la “economía capitalista”) y a veces identificable (ejemplo Estados Unidos y las sanciones o bloqueos que impone en aras de la promoción democrática”), sobre el que descargar todos los males que la población pueda sufrir. De esta forma, cualquier disidencia, asomo de crítica o malestar de los ciudadanos, será inmediatamente achacable al enemigo externo, el cual será acusado de intervenir para impedir que el pueblo soberano se dé su propio destino”. Los fantasmas no solo distraen sino que asustan. Más cuando se trata de gigantes dotados de poderes míticos que estimulan la superstición. (Mejor todavía cuando la amenaza puede ser percibida como creíble). Enervar la fibras nacionalistas para defenderse del espectro. Ahora, la grave secuela de la grosera destrucción a que ha sido sometido el país es que los venezolanos han quedado en tinieblas. Nicolás denuncia que la cadena de apagones prolongados durante más de cuatro días consecutivos, que mantienen zonas enteras del territorio paralizadas –que ya cobra muertes lamentables en los hospitales por falta del fluido eléctrico– es, ni más ni menos, que atribuible a “ataques electromagnéticos” al cerebro de la planta generadora. ¿Adivinen de quién? Adivinaron. Nicolás no encuentra que ataque pretextar, si “hackeo al sistema que controla la Red Troncal de Transmisión” o que “el sistema eléctrico ha sido objeto de múltiples ataques cibernéticos”. Los técnicos que saben de esos asuntos concluyeron que lo anterior es imposible que haya ocurrido. Sencillamente porque se trata de un sistema “analógico”.
Lo que sucedió –según explicaciones de Guaidó, vía su Twitter, después de reunirse con su equipo de expertos– fue un “incendio de la vegetación” en las inmediaciones de las torres que recalentaron las 3 líneas de transmisión entre la central eléctrica y las subestaciones. Ello sucedió por falta del mantenimiento preventivo pica y poda, que produjo que el zacate agarrara fuego. Más del 80% de la energía que va al centro del país pasa por estas tres líneas de 765 KV. El incendio recalentó las líneas generando un rechazo de carga en las turbinas. Para iniciar estas 4 turbinas que están fuera de servicio desde el 2018, se necesita corriente, ya que no pueden arrancar solas. Guaidó arremete diciendo que “aún así, aunque desde 2010 pudieron haber hecho lo correcto, la corrupción y la indolencia de los usurpadores permitió que hoy estas turbinas estén inoperantes”.
(¿Suena lógico lo anterior, no les parece? ¿O mejor creerle a Nicolás que es un ataque cibernético del imperio, con descargas diabólicas a las redes de transmisión, para hacerlo quedar mal con su gente? Pues cada cual cree lo que quiere creer.
Dependiendo de qué lado de la línea se encuentra. Unos se darán cuenta de lo real y los ingenuos que escucharon los cuentos de cigüeñas, por supuesto que echarán la culpa a “pajaritos que orinan”).