Por Boris Zelaya Rubí
“La política no es precisamente, agua de rosas. Los contendientes se dan con todo lo que pueden, echan mano de recursos lícitos e ilícitos, según el caso, y solo se detienen cuando el empleo de alguna artimaña puede revertírseles o adquirir un costo de baja o nula rentabilidad, cuando no impagable. Esas son las reglas no escritas y cada quién las adapta y las adopta a su conveniencia y a sus posibilidades. Por fortuna, hay militantes honrados en todos los partidos. Esos políticos probos serán los que saquen a Honduras del hoyo en que la metieron gobernantes ineptos y sinvergüenzas”.
En varios debates hemos escuchado a políticos y funcionarios ser cuestionados por periodistas que a todas luces se nota que están parcializados. Lo más seguro es que ya les inflaron el ego ofreciéndoles algún cargo de elección popular. Las preguntas han girado alrededor de sus intereses y nadie más que el entrevistador “tiene” la razón, no comprendía que gobernar un país como el nuestro no es con teorías y estrategias practicadas e importadas de otros países.
Para los amantes de la “izquierda apasionada” todo es sencillo, tratan de ganar imagen acorralando a cualquier político con el cuento de nunca acabar: la eliminación de la pobreza. Como si el Estado pudiera crear empleos para todos y aunque así fuera, a largo plazo, no se podría con los que se han desarrollado en un ambiente donde para subsistir se han dedicado a robar y matar ¿creen que mejorando el salario dejarán de hacerlo? Aunque les tripliquen el salario mínimo, a los delincuentes no les interesa trabajar honradamente, ya se acostumbraron a obtener dinero fácil robando y matando. ¿Entonces cuál es la fórmula mágica?
Refiriéndonos a periodistas y su poder para influenciar en la opinión pública, recordamos una anécdota. En nuestro trajinar político tuvimos todo tipo de “maestros” pero había uno que ya mora en la eternidad, que nos decía que la información es poder. Al principio no le entendíamos hasta que en una ocasión se le pasó la mano ingiriendo bebidas espirituosas y un correligionario le llamó la atención por su mal comportamiento ante unas damas. El borracho respondió: ¿Recuerdas cuando robaste en tal institución? El hombre sobresaltado solo alcanzó a decir ¡huy! Y se retiró. Nuestro maléfico maestro se dio la vuelta y tartamudeando nos preguntó: ¿se dan cuenta? Información ¡es poder! Nos dimos cuenta que consistía en mantenerse enterado de los pecados de personajes importantes.
Ahora con los conatos de campañas adelantadas para optar a cargos de elección popular, han inundado las redes sociales con informaciones falsas para desbaratar la imagen de cualquier adversario, sacándole a relucir cualquier acto fuera de lo normal. Pareciera que las intervenciones públicas son una especie de duelo a muerte, al estilo del viejo oeste americano, solamente que en vez de pistolas usan la lengua y en vez de balas lanzan escupitajos con veneno, calumniando e influenciando al pueblo a no ejercer el sufragio por cualquier adversario que sea un obstáculo en sus ambiciones.
Por el momento estamos asqueados de los vulgares exabruptos y la acción de desentrañar hasta cuando alguien se robó una canica. Tienen que entender que la prioridad de un gobernante es darle felicidad al pueblo y para eso se debe dar la asistencia alimentaria y salud pero sobre todo proteger sus vidas.
La empresa privada que manifiesta estar cansada de observar tanta corrupción en los gobiernos, sin embargo no debe olvidar que “para bailar se necesitan dos”, y en este caso existe el corruptor y el corrupto, y algunas veces el poder del dinero se antepone al trabajo mal remunerado de un empleado público, que tiene que decidir entre darle de comer a sus hijos o retirarse con dignidad, por cierto que con el llanto de un niño por hambre, los valores desaparecen y el ser humano es capaz de cualquier cosa.
Siempre estaremos en contra de la corrupción. Cualquier impuesto que afecte las ganancias de la empresa privada “que ni cosquillas les hace”, los empresarios protestan en vez de ayudar, para evitar la pobreza pagando mejores salarios y generando empleos (para los que todavía no han delinquido) a menos que ¡quieran otro sistema de gobierno y perderlo todo! ¿Qué dicen sus analistas que alguna vez les sirvieron mientras fueron servidores públicos?
Por lo pronto queremos menos ciudadanos muertos, aumentando la seguridad. “La persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado…”.
De rodillas solo para orar a Dios.