Por Nery Alexis Gaitán
En primer lugar hay que aclarar que los políticos son indispensables en la administración del Estado. Sin ellos no sería posible la interacción y funcionamiento de las diversas instituciones que afianzan nuestro sistema democrático. Es cierto que algunos políticos abusan del poder que el pueblo les ha conferido, pero no es la generalidad. El sistema funciona y mantiene mecanismos de diversa índole que garantizan una convivencia social aceptable.
Criticar a los políticos en su totalidad y tacharlos con los más amargos epítetos, es desconocer la función que la mayoría de ellos realiza por el bien de la patria. Aunque, recalcamos, no todos cumplen con sus obligaciones al amparo de la ética y la decencia.
Pero es notorio que la impunidad está siendo erradicada y que el sistema judicial ha tenido avances significativos en este tema.
Se puede criticar a los políticos por las razones que sean, eso es permitido en el sistema democrático, más si las críticas son justificadas, ya que no se debe callar el crimen o la corrupción. Pero que las críticas no estén sustentadas por razones de peso y sean más producto de posiciones de conveniencia y, sobre todo, que provengan de personas que han vivido desde siempre de la política, o de algunos que ostentan cargos que les han otorgado los políticos, no deja de ser deshonesta desde todo punto de vista.
Uno de ellos es Omar Rivera, miembro de la Comisión Depuradora de la Policía, se ha dado a la tarea de criticar arduamente a los políticos, olvidando que el cargo que ostenta se lo debe a esos políticos que critica. Esto a raíz de que un político presentó una iniciativa de que se adelanten las elecciones internas. Las críticas de Rivera solo evidencian el desconocimiento en cuanto al campo político se refiere.
Olvida este señor que las elecciones internas son un proceso de depuración necesario en los partidos. Sobre todo en los tradicionales, el Liberal y Nacional, que son de tendencia democrática y han sido los baluartes del sistema de vida que hoy gozamos todos los hondureños. Torpemente se ha hecho abanderado de la antipolítica, olvidando que la democracia permite el quehacer de los partidos en aras del bienestar común. Adelantar las elecciones internas es permitido si hay consenso.
Otros que se han dado a la tarea de la antipolítica son aquellos diputados tránsfugas que han llegado al Congreso Nacional, más por cociente electoral y no por trabajo propio. Se dedican a despotricar contra políticos de otros partidos olvidando que ellos han llegado a un cargo político solo a servirse y no a servir al pueblo. Estos diputados para todo tienen una opinión adversa y no les interesa el bienestar de la institucionalidad democrática ni el buen funcionamiento de los partidos políticos.
Parece que en algunos díscolos la antipolítica es su bandera de lucha en busca de una notoriedad que no poseen. Haber cuándo estos personajes, que despotrican a conveniencia, empiezan a actuar a favor de los más necesitados, a fin de cuentas para eso les paga el pueblo hondureño.
Defender la institucionalidad democrática y apoyar el fortalecimiento de los partidos políticos de tradición democrática es una urgencia por el bienestar del país. Al respecto, las reformas electorales van encaminadas a eficientar el proceso eleccionario.
No se nos debe olvidar que defender la democracia es una prioridad. Si perdemos nuestro sistema democrático por uno dictatorial, tal como desea el Partido Libertad y Refundación (Libre), es condenar al país al mayor desastre de nuestra historia.
Venezuela, Nicaragua, Cuba… son ejemplos lamentables de lo que el fracasado socialismo del siglo XXI provoca. Ningún hondureño bien nacido desea que su patria se hunda en la miseria eterna.
¡Los hondureños merecemos vivir en paz y democracia!