PARA que vean lo que toma recomponer un país descarrilado. Tal como se intuía, pero sin que se dijese en voz alta, cuando relanzaron el diálogo en Nicaragua después que el Secretario General de la OEA envió una misión especial para trabajar con el gobierno un paquete de reformas electorales y dejar de necear con la Carta Democrática. La exigencia de un gobierno transitorio para adelantar las elecciones, planteada en el primer ensayo, desapareció de la agenda con miras a darle a las pláticas una segunda oportunidad. El comandante sandinista divulgó este pasado fin de semana que sobre la mesa estaba la liberación de los presos políticos, pero descartó tajantemente adelantar las elecciones presidenciales y legislativas previstas para el 2021. Con ello, ofreciendo además “respetar las libertades y los derechos ciudadanos”, espera que la comunidad internacional suspenda las sanciones impuestas a su gobierno.
Agregó el régimen, en un comunicado, estar dispuesto a “fortalecer el tribunal electoral e implementar las propuestas de reformas (…) que perfeccionen procesos electorales, libres, justos y transparentes”, recomendados por la Organización de Estados Americanos (OEA). Ya con todos esos ofrecimientos –nada más que la liberación de los encarcelados sería de los que “aún no han sido juzgados” dizque “para no generar impunidad”– piensa dulcificar las tensiones y parar en seco los conatos de protestas antigubernamentales que estallaron en abril del año pasado dejando –de acuerdo a datos ofrecidos por organizaciones de DD HH– unos “325 muertos, 600 presos y miles de exiliados”. El Ejecutivo solo reconoce 199 muertos en “un intento de golpe”. Lo que esta vez viene a desconcertar el proceso de pláticas fue la negativa de la Conferencia Episcopal de aceptar la invitación formulada por el régimen y la Alanza Cívica opositora, para que sean acompañantes y testigos en las negociaciones. Quizás recordando la experiencia durante la primera tanda cuando el jefe sandinista y la Chayo, mandaron a los obispos a oficiar misa a otro lado, arguyendo que no servían como mediadores ya que se habían parcializado con los opositores. Comunicaron que, “deseamos que este esfuerzo llegue a buena meta e informamos que hemos respondido a la carta recibida, comunicando a los participantes que no estaremos presentes físicamente en el foro de negociaciones”, agregando que la “gestión de la crisis queda en manos de los laicos” ya que solo acompañarán el proceso “como pastores en estos momentos cruciales de nuestra patria, ejerciendo nuestra misión profética y dedicándonos a la oración y al ministerio de la palabra”.
El impasse ha provocado que la Alianza –que agrupa a estudiantes, campesinos, empresarios y sociedad civil– se encuentre dudando sobre su participación. El representante negociador del bloque insiste que “buscarán un acercamiento con el episcopado a fin de que reconsideren su posición, porque su presencia en las negociaciones asegura la legitimidad y credibilidad necesaria en un país atravesado por el descreimiento hacia las instituciones”. Tanto que juegan a la inestabilidad sin sopesar lo rápido que se descomponen las cosas en estos pintorescos paisajes acabados. (Con traviesos e inconscientes que les encanta prender leña con ocote; hurgando lo inflamable). Solo es que la chispa encienda la seca zacatera y una vez la hoguera se desparrama en voraz incendio, las pérdidas son incalculables, lo deshecho no hay forma de reponerlo ni en muchos años después que todo quedó tristemente reducido a cenizas.