Por Oscar Antonio Oyuela Castellón
Cuando los militares entregaron el poder a regañadientes a los civiles todos aplaudimos el cambio que, sin duda alguna, era producto de presiones externas y no por exigencias de los partidos políticos y políticos que se habían acostumbrado obedecer a los comandantes regionales, nos imaginábamos que todo iba a cambiar para bien, pero ha sucedido todo lo contrario: hay una gigantesca e interminable corrupción en todos los matices, con un Poder Judicial sometido, un Legislativo que ocupa su tiempo para blindarse contra las acciones judiciales de la Maccih, unas ONGs parasitarias coludidas con los delincuentes de cuello blanco, unos empresarios pusilánimes y banqueros acomodados al poder, la inseguridad sin precedentes que obligan a los ciudadano vivir encerrados rogando a los santos protejan a sus hijos de la delincuencia que está en todas partes, el desempleo está aumentando, la salud y la educación son un desastre y las caravanas se multiplican, lo irónico que los organismos internacionales nos traen la nueva que Honduras está en primer lugar en Centroamérica con la mayor cantidad de millonarios, todo esto, provoca rabia y frustración, condiciones socio-políticas de imprevisibles consecuencias, sin embargo, hasta hoy disponemos de un estrecho margen de maniobra para cambiar esta peligrosa situación que nos agobia, trabajando juntos para que retornemos a un orden de derecho por cualquiera de los mecanismos de consulta popular que establece la misma Constitución. El desorden empezó con el gobierno liberal de aquel irresponsable que pretendía convertir Honduras en un eslabón más del chavismo en América Latina, después entramos al período irregular del gobierno provisional de otro liberal que detuvo al correligionario traidor, para continuar con el gobierno nacionalista que nada hizo por detener la corrupción en el IHSS y continuar con otro nacionalista que se ha prolongado por otro período más mediante maniobras jurídicas de la propia Corte Suprema de Justicia en contubernio con poderes en la sombra y el apadrinamiento externo. Ante esta situación que nos está llevando a un quiebre altamente peligroso es necesario unir esfuerzos para hacer las grandes rectificaciones y darle vida nuevamente a la democracia, aunque imperfecta es la mejor forma de gobierno que podemos aspirar los que amamos la paz y la libertad. Nos aconseja Alfred Emmanuel Smith “todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia”.
No necesitamos ser expertos para entender la dimensión de esta crisis que vive nuestro país es asunto de hacer acopio de los informes anuales de PNUD, la FAO, el PMA, el Banco Mundial, el BID, Transparencia Internacional, a lo interno el Colegio de Economistas nos desnuda la realidad como lo ha hecho también el FOSDEH, Consejo Monetario Centroamericano, el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), y si usted amigo lector no tiene el hábito de la lectura, pregúntele a su esposa como hace para estirar el dinero cada fin de mes, o indague con parientes y vecinos cómo les va con su economía familiar. Los informes nacionales e internacionales coinciden que en Honduras el 60% de la población está desempleada, 62% de pobreza y 40% de extrema pobreza, inflación del 4% y 6%, depreciación constante de la moneda, crece la deuda externa y se reducen las exportaciones como también disminuyen las remesas familiares, al mismo ritmo que se asalta las arcas del Estado, se están cerrando muchas pequeñas y medianas empresas no solo por la delincuencia sino por las insoportables cargas fiscales, la corrupción es deleznable, nadie está invirtiendo en un país que embajadores de EEUU y Francia públicamente han expresado que Honduras es un “estado fallido”.
Las pocas luces que todavía quedan en política, los empresarios que legalmente compiten, los banqueros con algo de civismo, las pocas ONG creíbles, los pocos académicos comprometidos y los militares con convicciones democráticas, deben liderar un movimiento cívico encaminado al retorno de un orden de derecho, que la Constitución sea nuevamente la guía fundamental para el logro de un mejor futuro para nuestra nación, con una democracia robusta garante de la paz, la tranquilidad, la libertad y la prosperidad. Pericles en el discurso a los muertos de Atenas, en la primera guerra del Peloponeso dijo que “nuestro gobierno se llama democracia porque la administración de la República no pertenece ni está en pocos sino en muchos”. El politólogo italiano Norberto Bobbio en su libro “La crisis de la democracia” afirma que “la crisis de la democracia va acompañada de una crisis del estado de derecho en el sentido de que los ciudadanos no controlan el poder público, sino que son controlados por él”.
Entonces, el reto que todos los hondureños con vocación democrática tenemos es la de reactivar la Constitución del 82 como la de EEUU con aquellos postulados garantes de la separación de los órganos poderosos con sus controles y equilibrios para afirmar derechos y libertades ciudadanas.