Por: Miguel Osmundo Mejía Erazo
*Profesor y periodista
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El ser humano por naturaleza tiene actitudes controversiales especialmente cuando participa en grupos sociales y esto sucede porque como reza un dicho popular “cada cabeza es un mundo¨ y en todos los congresos o parlamentos se dan estas situaciones y el nuestro no es la excepción. En la anterior y en la actual conformación de este poder del Estado hemos visto como las actitudes controversiales han aumentado, la integración de nuevas fuerzas políticas han permitido romper con las acostumbradas componendas del bipartidismo y eso no está mal, entre más grupos políticos existan más diversidad de opiniones tendremos y se supone el pueblo está mayormente representado. En los congresos anteriores hubo los mismos problemas de hoy, diputados faltistas, otros que jamás hablaron mucho, menos presentar una moción trascendental, pero llegar a los puños por no pensar igual no va con el honroso cargo que el pueblo delegó a nuestros representantes.
Hay comisiones en el Congreso que están llamados a presentar alternativas de solución a los problemas nacionales, por ejemplo: el “Frente Parlamentario contra el Hambre” que ha manifestado para el año 2030 la erradicación del hambre en nuestro país, ojalá sea cumplida esta promesa. La real intención del legislador se puede analizar al hacer uso de la facultad que tienen para presentar mociones o decretos, para convertirlos en leyes, la mayoría de mociones son de carácter político que más favorecen a esta misma clase que generalmente piensa en sus propios intereses, hay otro tipo de mociones que son realmente sin trascendencia por ejemplo: la moción para cambiar los colores de la bandera, otra que se cambie la letra de nuestro Himno Nacional, un diputado de Yoro mocionó para que se haga un monumento a la “lluvia de peces” a un costo de cuatro millones de lempiras, uno de los secretarios mocionó para que se declare el último sábado de octubre como “día de la cruzada de niños de una sola voz”, también se presentó la moción para que el Festival del Aguacate se pase a llamar “festival nacional del aguacate”, también se propuso un decreto que se exigiera el examen de mamografía a las mujeres mayores de 40 años y la más descabellada iniciativa presentada hasta el momento: reformar los artículos 189 y 202 de la muchas veces reformada y violada Constitución de la República, para que los 20 diputados propietarios y 20 suplentes del Parlamento Centroamericano (PARLACEN) se incorporen al Congreso Nacional de Honduras.
Siempre hemos sostenido que ese organismo que se llama PARLACEN no se le ve protagonismo, para el caso en estos momentos deberían estar más que activos en el problema migratorio de los tres países del Triángulo Norte. Ya se ha cuestionado que 256 diputados entre propietarios y suplentes son demasiados, por eso muchos solamente llegan a levantar la mano y agregarle 40 más, si allá en Guatemala no funcionan, aquí será como otra beca o premio de consolación más, otra poderosa razón para considerar inaceptable la incorporación de estos caballeros y damas: los diputados al Congreso hondureño los eligió el pueblo en forma directa y secreta viendo sus fotos y además los parlamentarios hondureños les ha costado mucho trabajo e inversión en campaña, pero los diputados al Parlamento Centroamericano no son electos con voto directo, es más, nadie los conoce excepto las autoridades de cada partido, ganan una posición a la sombra del voto presidencial.
La gran diferencia está en presentar mociones que favorezcan al pueblo, o por lo menos a un sector, entre esas mociones últimamente se han presentado tres que no puedo dejar de mencionar: la primera que los empleados públicos después de un año de trabajar por contrato puedan tener su respectivo acuerdo, la segunda moción: que las prestaciones sociales a los trabajadores se paguen 25 sueldos no 15 como hasta hoy, y la tercera igual que la anterior, presentada por el exdirigente obrero y campesino don Felícito Ávila, que las tierras incautadas por la OABI, que ya pasaron a propiedad del gobierno, se les reparta a los campesinos, cumpliendo con el slogan que aprendí hace muchos años “ni tierra sin hombres, ni hombres sin tierra”. Mis disculpas a los honorables diputados y diputadas si estoy equivocado, pero que sean nuestros amables lectores quienes se formen su propia opinión, esta es la mía y gracias a Dios y a este prestigiado medio por tener la oportunidad para expresarla.