Honduras en 1897

Parte 2

Por: Óscar Lanza Rosales
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Como dije en la primera parte, en el primer semestre de 1897, siendo presidente de la República, don Policarpo Bonilla, vino una misión del gobierno francés, para evaluar las potencialidades de negocios que tenía Honduras en ese entonces. De ese informe continuaré extrayendo datos interesantes, como los  siguientes:

En el año económico 1895-1896 las cifras aproximadas en pesos plata fueron: en importaciones 1.4 millones; exportaciones de 3.1 millones (oro y plata 37%; café 24%; ganado vacuno 13%; banano 13%) y 460 mil en impuestos para el Estado.

Solo existía el Banco de Honduras, con especial atención a los negocios  estadounidenses, pero a los demás les cobraba un interés oneroso mínimo de 24% anual, sugiriendo la misión la creación de un banco independiente, sólido, para contribuir  poderosamente al desarrollo del país.

La seguridad estaba en manos de la Policía; 75 plazas en la capital, sufragados por el gobierno; en las cabeceras departamentales por las municipalidades; y en los demás municipios y poblados, se ejercía por medio de alcaldes auxiliares.

El servicio militar era obligatorio, desde los 21 hasta los 30 años y la reserva hasta los 40. El ejército tenía un total de 38 mil plazas, distribuidas entre jefes superiores, oficiales y soldados.

El aspecto físico de Honduras era grandioso -según ellos- y sus climas variados, salubres y agradables.

Los productos naturales del suelo de Honduras eran tan variados y ricos, que los reinos: mineral, vegetal y animal contenían –con pocas excepciones- todo cuanto la naturaleza producía en el planeta.

Decía el informe: Honduras es rico en toda clase de maderas, y vegetales con propiedades medicinales e industriales. Agregando “este ramo es una de las fuentes de riqueza de gran porvenir, cuando las  vías de comunicación  permitan su  fácil exportación”.

La agricultura se encontraba muy poco desarrollada. El fruto que más se exportaba era el banano; el café, se estaba desarrollando con rapidez, y con gran calidad. Lo mismo que el tabaco, considerado como uno de los mejores del mundo.

Las personas que quisieran dedicarse a la agricultura, en la costa norte habían abundantes tierras, muy fértiles y baratas; disponibilidad de mano de obra, vías de comunicación fáciles y próximo al gran mercado de Estados Unidos.

La ganadería era una de las mejores fuentes de riqueza. Honduras exportaba a los países vecinos, pero su explotación era muy primitiva. Las razas eran buenas, pero degeneradas; había necesidad de mejorarlas  con cruzamientos adecuados.

Si Honduras era  rico en los reinos vegetal y animal, en el mineral era verdaderamente privilegiado; tenía toda clase de metales: oro, plata, platino, hierro y piedras preciosas como el ópalo, entre otros.

Los ríos arrastraban oro en sus arenas, como el Guayape y el Jalán, de donde los españoles, durante la colonia, extrajeron fabulosas cantidades de oro, haciendo uso de la primitiva batea. Con frecuencia se encontraban pepitas de 1 a 7 o más onzas.

La única empresa formal artesanal pertenecía al estadounidense Federico Bell; muy organizada y que generaba grandes beneficios.

Habían otras empresas organizadas, modernas y prósperas como la New York and Honduras Rosario Mining Co., Monserrat, Zurcher Hermanos, Kisley Mining, los  Zelaya  y Smart Mining. Pero después de la exploración,  la misión concluyó que Honduras estaba llena de minas, más o menos ricas, y que, sin exageración, podía asegurarse que no había en el mundo, otra región en donde, a igualdad de superficie, se encontrara mayor variedad y cantidad de riquezas minerales. Cualquier país europeo podría saldar su deuda pública con el valor de una de estas minas.

La industria se encontraba en estado embrionario. Funcionaban con éxito las curtiembres, talabarterías, zapaterías y las fábricas de calzado, hielo, fósforos y aguardiente. Se hacía cordelería del maguey, sombreros de junco, petates de tule, aceite de coco, telas ahuladas; vinos de marañón, coyol y corozo. Y estaban por inaugurarse una fábrica de cervezas y otra de artículos de yeso.

Recién se había fundado la Escuela de Artes y Oficios, de la cual se esperaba que contribuyera a fortalecer la industria.

El comercio se hacía principalmente con Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Cuba y los países vecinos.

Los artículos que más se importaban eran: tejidos, quincallería, maquinaria de minería, implementos agrícolas,  productos farmacéuticos, entre otros.
El comercio cada día tomaba mayor auge y siempre se tenía la esperanza que con la construcción del ferrocarril interoceánico y el ferrocarril eléctrico, de Trujillo a Puerto Cortés, le imprimirían un gran impulso al país y Centroamérica.

Continuaré en el próximo artículo, con la última y más interesante parte.