Pisto en mano, caites en tierra

Por Boris Zelaya Rubí

“…La democracia no es sino la regulación más apropiada de la libertad. Tiene el mérito de intentar establecer el equilibrio entre el principio doctrinal y su correspondiente aplicación práctica. Sobre la base de este equilibrio podría desarrollarse un sistema democrático que permitiese resolver la demanda constante de nuestros pueblos de lograr el cambio por medios legales. La práctica de la democracia es la mejor forma de asegurar que la constante marcha en ascenso de la comunidad logrará alcanzar todos sus objetivos”.

…y yo les prometo que les construiré un puente… uno de sus acompañantes o “lame orejas” le dice al oído: jefe, aquí no hay río. Inmediatamente el político les grita rectificando… y si no hay río ¡les pondré uno!

Los discursos de los aspirantes a cargos de elección popular han tenido como regla general ¡la mentira! El político que no maneja sus peroratas, con la habilidad de amoldarlos a la clase de auditorio que tiene enfrente, es preferible que se retire, aunque han existido sus excepciones como el licenciado Ricardo Zúniga Augustinus (Q.D.D.G.) y el abogado Mario Rivera López (Q.D.D.G.), que no eran grandes oradores, pero sí unos magníficos estrategas políticos.

Si se hubieran cumplido las promesas lanzadas en todos los discursos de los políticos que han aspirado a la Presidencia de la República ¡seriamos el país más desarrollado del mundo y la primera potencia mundial! Estaríamos de besos y abrazos con los extraterrestres.

En los últimos comicios se han colado algunos que por algún trastorno lingüístico nunca hablaron en público (uno llegó hasta ocupar la Presidencia pro tempore) y desconocidos pero listos para mover la cabeza de arriba para abajo, en señal de sumisión ante sus padrinos multimillonarios, que han acumulado capitales ya sea por el esfuerzo del trabajo o por actos ilícitos, que pagan buscando: ¡protección!

Tuvimos la oportunidad de escuchar muy buenos oradores como al doctor Ramón Villeda Morales, con un verbo extraordinario, Modesto Rodas Alvarado, que tenía un discurso vibrante pero lleno de odio, expresando: “faltarán pinos para colgar a todos los cachurecos” y por último el fundador del Monarca y último líder de ese movimiento, quien en forma sencilla y sin ofender a nadie le prohibía a sus seguidores insultar a los contrarios; con palabras sencillas lograba convencer al pueblo, aunque los resultados de su gestión son harto conocidos.

El pueblo a raíz de haber aumentado en número de ciudadanos aptos para ejercer el sufragio, ya no cree en mentiras y el nuevo sistema de utilizar las redes sociales para tergiversar la verdad, le ha dado un giro a las estrategias de campaña, que solo la presencia física de los aspirantes tiene valor, aunque no manejen bien la oratoria y los ciudadanos solo acierten a decir ¡qué bonito que habla!, porque no les entienden ni jota y se mantienen desesperados por que finalicen las reuniones y les den sus comiditas y sus lempiras, situación que si es verdadera, como dice el vulgo ¡pisto en mano, caites en tierra!

Por los momentos, en este inicio tempranero de la carrera por el poder, arrancan las “hostilidades” y no ha faltado quién diga que en todos los gobiernos se roba. Esperamos que no sea una justificación, sino un llamado para sancionar a todo el que se llena las bolsas con el dinero del pueblo. Aquellos que antes de entrar a trabajar en el gobierno, andaban con una mano adelante y otra atrás, ahora se pavonean en carros de lujo, casa en zonas privilegiadas y ¡mujeres a montón! Deben ser investigados y encarcelados porque si no, se volverá costumbre y nuestras autoridades en vez de darles seguridad a todos los ciudadanos contra los asaltantes y mareros, tendrán que perseguir a los mafiosos de cuello blanco y eso ¡no es justo!

Todos los descendientes de políticos y los párvulos o novatos que tomaron ese camino, sin que su pensamiento primordial fuera el de servir, tienen que ser asesorados para que su campaña sea primordialmente de trasmitir sus ideas con sentimiento y un verdadero entusiasmo, eliminando todo lo negativo y que su único propósito sea convencer, para lograr el triunfo.
De rodillas solo para orar a Dios.