López Obrador, la “sorpresa”

Por Juan Ramón Martínez

Los oráculos, casi nunca aciertan. Mucho menos en política, porque la conducta humana es impredecible. Por ello, cuando se hacen predicciones, se construyen varios escenarios hipotéticos. Con López Obrador, muy pocos acertaron. Quienes menos simpatía le dispensaron, nos dijeron que era un populista de la escuela de Chávez y Maduro. O que era un nuevo Fidel Castro. Pero los peores apocalípticos, dijeron que destruiría la estabilidad de México; que sería un peligro para Centroamérica. Y que funcionaría como un gendarme para controlar las caravanas de inmigrantes.

Y nada de esto ocurrió. Más bien, las actuaciones de López Obrador han ido en dirección contraria a las insinuadas por los “Nostradamus” tropicales que escriben en los periódicos. O, hablan en las radios y en las televisoras.

La primera falsedad es que López Obrador sería un simple –“pinche” iba a escribir– imitador de Chávez o Maduro. López Obrador es un académico, con una gran formación universitaria y con una larga carrera administrativa. No tiene nada que ver con el militar venezolano, cuya incontinencia verbal divertía, pero no convencía a nadie con cinco dedos de frente. Y menos con Maduro de muy baja escolaridad.

Sus actos como gobernante, no tienden a sustituir al sistema, sino que volverlo a sus raíles originales. Quiere –y eso lo vemos desde largo– volver a las raíces; poner el gobierno al servicio del pueblo; eliminar la corrupción que corroe al interior de la sociedad mexicana, modificando las estructuras principales, debilitando las redes de corrupción, comprometiendo al pueblo de México que le acompañe en su jornada civilizadora y produciendo claros beneficios para la economía de su país. La moneda se ha fortalecido mucho más de lo esperado. E incluso, la cancelación del nuevo aeropuerto de la ciudad capital, no ha tenido los efectos catastróficos que se esperaban. Y lo mejor, su populismo es de factura mexicana y solo es cercanía, obediencia a los deseos populares, renunciando al boato oriental de sus antecesores. Y mucha humildad frente a la población.

La política exterior de México ha regresado a sus orígenes. La no intervención en los asuntos internos de otros países, –abandonada por Fox–, no ha dejado de sorprender. Casi todos la habíamos olvidado. Claro, no todos. Por ejemplo la frase dicha a Fidel Castro: “comes y te vas” para darle gusto al presidente Bush de los Estados Unidos y que Castro, había grabado.

Con el retorno de esta doctrina, México regresa a una tesis diplomática que no solo asegura su independencia, porque no permite a cambio que ningún país intervenga en sus asuntos internos. Y ratifica, su distancia con los Estados Unidos que no solo le ha cercenado más de la mitad de su territorio, sino que además, le ha invadido en dos veces. Con resultados dolorosos para México que ha visto pisoteada su bandera y ofendido a sus ciudadanos. Incluso cuando Jorge Ramos, con el carácter provocador que caracteriza a los mexicanos, tornados culturalmente estadounidenses, le pide que califique de dictador a Castro o a Maduro. Se resiste. Defendiéndose que, como entrevistado tiene el derecho de no contestar como quiere el entrevistador.
Algo más. Le hemos oído decir que no participa en la campaña electoral de Trump. De forma que no le hace coro, cuando este dice cosas disparatadas, incluso aquellas que tienen alguna vinculación con México. No solo el muro, que se construye en territorio estadounidense, sino que en muchas otras cosas más.

La política exterior de México hacia Centroamérica ha cambiado diametralmente. El México volcado hacia los Estados Unidos, ha virado totalmente. Ahora México mira hacia el sur. Hacia el propio abandonado desde hace muchos años y hacia Centroamérica. La política inmigratoria, especialmente hacia las caravanas, es distinta a los gobiernos anteriores y el trato también singularmente más humano. Se les ha otorgado una visa temporal, permitiéndoles moverse por el territorio de México.

Por supuesto, los que han llegado sin documentación alguna; o huyendo de la justicia de sus países de origen, han sido expulsados de México. Cosa que todos hacemos. Por ello Honduras y El Salvador, están contentos con este viraje. Menos Guatemala que, en forma egoísta solo quiere este tratamiento para sus nacionales. Y no para hondureños y salvadoreños.

Como los analistas se equivocaron con López Obrador, ¿no estaremos cometiendo el mismo error con Bukele?