SI no logran botar al gobierno con los primeros hamaqueos –y si el régimen resiste, con distintas tácticas de agotamiento– después de mucho tiempo de andar en las calles la resistencia se fatiga. Los venezolanos llevan varias rondas de airadas protestas. Los divagaron durante el primer ensayo empujándolos a sentarse en una mesa de negociaciones. Eso hicieron.
Tregua para que la autocracia apaciguara los ánimos de la comunidad internacional ante el estupor de las salvajes embestidas contra las multitudes –que dejaron cientos de heridos, presos y cadáveres– y para volver a tomar aliento. No hubo una tan sola concesión a los opositores. Volvieron a salir los estudiantes a las calles. La dividida oposición volvió a juntarse. Intentaron otra vez. Iguales resultados. Los mandaron otra vez a platicar bajo la mediación del Zapatero español –que acabó inclinado al oficialismo– y de los “ocho con yo”. Segunda ronda del diálogo frustrado de manera que hasta el propio Vaticano, que quiso armonizar durante las primeras dos tandas, esta tercera vez que Nicolás solicitó su intersección, le respondió “señor Maduro” –no “señor presidente”– ustedes no cumplen los compromisos.
Así que, hastiados de tanto ensayo de diálogos malogrados –aunque nuevamente el Secretario General de la ONU, los neutrales, inodoros e incoloros, y el grupo de contacto los quieren mandar de vuelta a dialogar– el autoproclamado instaló su gobierno interino con miras a que la presión sobre Nicolás, esta vez sea suficiente, suelte el poder y vayan a elecciones libres, transparentes y supervisadas. Pero como los fieles generales que manejan los lucrativos negocios de los recursos estratégicos del país, junto a los rusos y a los cubanos, lo mantienen atornillado a la silla, la esperanza ahora es la deserción masiva de los soldados y oficiales que ya comienzan a escabullirse cada vez que los mandan a la frontera, hasta que la mazorca se desgrane. En Nicaragua el turbulento conflicto se aplacó con las nuevas pláticas convocadas por el gobierno. Nuevamente las Alianza Cívica, con los empresarios que todavía le quedan al país, porque ya ratos varios de ellos se fueron, regresa a la mesa de los acuerdos acompañados de los obispos –a los que el comandante y la Chayo mandaron la última vez a oficiar misa a otro lado diciendo que se habían parcializado– a probar si en esta ocasión hay avance. De la agenda quitaron la exigencia de un gobierno provisional para convocar elecciones anticipadas.
El Secretario General de la OEA ya arregló con el jefe sandinista un paquete de reformas electorales para que se realicen comicios cuando este concluya su término. Ahora, cruzando el charco, los franceses de los chalecos amarillos cumplieron su 16to fin de semana consecutivo de salir a las calles, protestando contra las políticas económicas gubernamentales. Cada vez son menos. Esta vez unos 39 mil manifestantes en todo el país y unos 4 mil en París apenas –menos que los 5,800 de la semana pasada– reunidos en el emblemático Arco del Triunfo. La revuelta estalló en noviembre protestando por el precio del carburante y fue mutando en un movimiento que se transformó esporádicamente violento e insurreccional, contra Macron y el sistema. Su 56% de popularidad cayó a niveles bajísimos de 24%. Sin embargo una vez que salió de su guarida –de la parálisis al contragolpe– y dio la cara proponiendo un debate nacional y ofreciendo ayudas que aumentan el poder adquisitivo de la clase media, repuntó a 34%. Los alivios no pararon la indignación pero la amortiguaron.