Manoseo historiográfico de “1919”

Por: Segisfredo Infante

En distintos momentos, pero sobre todo en los primeros dos meses del año que transcurre, he detectado algunos escamoteos y abusos historiográficos verbales y escritos respecto de los sucesos políticos y militares ocurridos durante el año 1919, es decir, hace exactamente cien años. Por de pronto no existe ningún estudio pormenorizado de aquella importante fecha. Apenas aproximaciones como las del literato e historiador autodidacto Víctor Cáceres Lara, y la “Cronología” de Ramón Oquelí Garay. Los demás eventos se encuentran dispersos en libros, revistas y periódicos subsistentes hondureños; y en archivos confidenciales de los Estados Unidos de Norte América. De repente podrían encontrarse algunos datos en el Archivo General de Centro América en Guatemala; en el “Foreign Office” de Inglaterra; y en el “Archivo Vaticano”.

Los años de “1918” y “1919” tienen que ver con la reagrupación de las fuerzas liberales bajo el liderazgo del general Rafael López Gutiérrez, con el posible apoyo de Ángel Zúñiga Huete, quienes reorganizaron las filas liberales “manuelistas” con el nombre de Partido Constitucionalista. Igualmente surge a finales del mencionado año 1918 y comienzos de 1919, el Partido Nacional Democrático (hoy Partido Nacional de Honduras), bajo el liderazgo intelectual del periodista Paulino Valladares, del jurisconsulto y lexicógrafo Alberto Membreño, con el apoyo de Silverio Laínez y del general Tiburcio Carías Andino, encargado de organizar las bases partidarias. En este punto conviene subrayar, por enésima vez, que de los cuatro fundadores principales del Partido Nacional, dos de ellos fueron permanentes adversarios del general Manuel Bonilla y del doctor Francisco Bertrand. Me refiero al polémico pero fino periodista Paulino Valladares, confinado al pueblo de Güinope por los liberales manuelistas en 1911; y al general Tiburcio Carías Andino, el último en rendirse frente a las tropas del general olanchano Manuel Bonilla, también en el contexto de la guerra civil del citado año 1911.
Algunos historiógrafos y politólogos siguen repitiendo los mismos lugares comunes de toda la vida, con escasos agregados. Ni siquiera se han tomado el costo, tal vez por prejuicios ideopolíticos, de leer la obra de Lucas Paredes. Este sefardita publicó algunos libros más o menos interesantes en donde se encuentran las pistas de la verdadera organización del Partido Nacional de Honduras. Lástima grande que sus datos hayan sido recogidos y redactados con bastante imprecisión, motivo por el cual dejó dudas fragmentarias para las futuras generaciones de investigadores históricos imparciales.

El Partido Liberal había desaparecido poco después de la guerra civil de 1911, y muchos de sus miembros se integraron al “Partido Republicano” que dirigía el doctor y presidente Francisco Bertrand, manuelista liberal hasta la médula. El mencionado Partido Republicano era una especie de multipartido, bajo cuyas alas oficialistas se agrupaban casi todas las tendencias liberales, exceptuando (lo subrayo de nuevo) la tendencia liberal-nacionalista representada por Paulino Valladares y Tiburcio Carías Andino, dos personajes que habían sido hombres de confianza del presidente Miguel R. Dávila. Por eso, con el afán de neutralizar las fuerzas nacionalistas que estaban surgiendo, Francisco Bertrand le agregó e intercaló a su organización política, el nombre de Partido “Nacional” Republicano, para confundir a los posibles electores nacionalistas en 1918-1919.

El principal vocero oficialista de Francisco Bertrand y de Nazario Soriano, era el periodista Plutarco Muñoz, muy inteligente pero visceral hasta los huesos, quien atacaba constantemente a Paulino Valladares y a los demás nacionalistas. El otro vocero era el gran cuentista, poeta y patriota Froylán Turcios, quien casi siempre defendió las huestes políticas y militares de Manuel Bonilla Chirinos y del doctor Bertrand. “Lancito” (como le decía cariñosamente “Don  Manuel” a Froylán Turcios), renunció a seguir defendiendo la causa bertranista y sorianista porque a veces utilizaban su nombre y prestigio para publicar libelos venenosos contra sus adversarios, sin ni siquiera consultarle. Conviene recordar que aparte que en 1903 y 1904, Froylán y su grupo de intelectuales fueron clasificados como “cachurecos” por los admiradores del dictador José Santos Zelaya de Nicaragua, el patriota Turcios siempre se consideró a sí mismo un liberal a secas, y aunque se respetaban mutuamente con el general Carías, nunca formó parte de las filas del Partido Nacional.

Conviene resaltar que por causa de las arbitrariedades del presidente Rafael López Gutiérrez y de su ministro Ángel Zúñiga Huete, muchos liberales manuelistas se pasaron a las filas del Partido Nacional de Honduras en la campaña electoral de 1923; o quizás desde antes, incluyendo a algunos tíos-abuelos míos. De ahí viene la gran confusión que se considere falsamente a Manuel Bonilla como fundador del Partido Nacional. Así que los que derrumbaron las “estatuas” de Manuel Bonilla en las escaramuzas militares de 1919, fueron nacionalistas cachurecos y liberales opositores, aliados por aquel entonces.