Ambientes Hostiles

José Victor Agüero Aguilar

Hay ambientes cargados de hostilidad, usted los encuentra al interior de los hogares, centros de trabajo, escuelas, colegios, universidades y en la sociedad, con resultados catastróficos. Vivir bajo esta atmosfera resulta desgastante, no hay paz interna, afloran sentimientos de soledad, angustia, temor y ansiedad, este es el drama en que están inmersos millares de personas.

Es importante acotar que cada persona es una individualidad con virtudes y defectos que provienen de entornos, costumbres y normas de conducta diferentes, los cuales fueron moldeados en sus primeros años de vida y que de una forma positiva o negativa han permeado su existencia. Al final somos el fruto de lo que nuestros padres sembraron al inicio de nuestra existencia.

La confianza, seguridad y el tener un concepto adecuado de sí mismo, pasa por lo que los padres de familia lograron transmitir a sus hijos a temprana edad. Infinidad de vástagos crecen inseguros, temerosos y acomplejados al haber crecido en hogares donde las parejas se pasaron el tiempo gritándose y ofendiéndose frente a sus hijos, el irrespeto, la impaciencia y las amenazas han permeado la mente y las emociones de sus retoños.

El ser humano requiere de estímulos y no necesariamente tiene que ver solo con aspectos monetarios, una felicitación al hijo o empleado por haber realizado un buen trabajo, un abrazo, una palmadita en el hombro, son pequeños detalles que marcan diferencia. No es saludable que un padre de familia o jefe de trabajo pase solo criticando y cuestionando lo que hacen sus hijos o trabajadores, esto es dañino y lo único que va sembrar es distanciamiento tornándose relaciones frías e inestables.

Hay hijos que no desean llegar a sus hogares prefieren mejor quedarse en su centro educativo, porque en estos sitios se sienten valorados y respetados, no así en sus familias donde sufren el rechazo y desprecio de sus progenitores, la conflictividad es de tal dimensión que apenas hay cruces de palabras entre padres e hijos y viceversa.

Igual escenario se vive en muchos centros de trabajos cuando hay jefes neuróticos y coléricos que descargan todas sus frustraciones, enojos y fracasos en sus subalternos, esta situación resulta incómoda, no hay peor cosa que estar en un lugar donde el empleado es desvalorizado e irrespetado, a muchos trabajadores se les sube la presión arterial o se ven afectados por otro tipo de dolencias producto de la tensión emocional y anímica que provocan superiores con trastornos de personalidad.

Hoy en día muchos padres de familia están replicando lo que hicieron en su momento sus progenitores, al asumir actitudes intimidatorias, al ofender y ejercer una presión irracional contra sus hijos, aplicando formas disciplinarias equivocadas que lo único que ha generado es volver cada vez más tensa las relaciones. No es con gritos o golpes como se van a solventar los conflictos, es dialogando y estableciendo claramente normas, pautas y compromisos disciplinarios que se deben adoptar.

Mientras Dios nos preste vida hay oportunidad para rectificar y entablar una mejor relación entre el cónyuge y los hijos, cada quien debe asumir su cuota de responsabilidad y afrontar las consecuencias que se derivan de las decisiones que se toman, permita que Jesucristo guÍe su vida, pídale discernimiento para no seguir cometiendo los mismos yerros de siempre, si lo hace estará dando pasos en firme para alejar todo ambiente hostil que le ha robado tiempo valioso en su entorno familiar.