Por Antonio Flores Arriaza
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El antiguo tema que el INFOP no atiende las expectativas de recursos humanos que requiere la empresa privada es reiterativo y, quizás ahora, que la empresa privada ha llegado al borde del rebalse considerando ya no pagar lo que la ley le ordena, es indicativo que urge rediseñar lo que ha sido el INFOP. O cerrarlo.
La educación técnica no debe ser una copia borrosa de la educación académica. Y debe estar integrada por diferentes niveles de educación técnica. En la edad de la calidad aprendimos que debemos producir para atender las expectativas del cliente y, si es posible: excederlas. Ya no es el químico, el físico, el biólogo o el maestro quienes deciden lo que es bueno o de calidad: ahora es el consumidor. Este es el nuevo concepto de calidad. Así que la educación de calidad debe ser aquella que satisfaga lo que el consumidor de egresados del sistema educativo necesita y espera recibir: si no los recibe, la educación será de mala calidad. Es la ley del mercado y el INFOP que se debe mover en este ámbito. De lo contrario, sucede lo que ocurre con los egresados de los colegios y universidades: graduados con título y desempleados porque no encuentran trabajo y, la empresa privada, intentando contratar graduados que no existen porque el sistema educativo (esquizofrénico) mira hacia su realidad (las necesidades de los docentes: lo que ellos pueden enseñar) y no las necesidades que impone la realidad. Que quizás no se enseñan porque los docentes las ignoran: un círculo vicioso que hay que romper. O porque el centro educativo (impregnado de anquilosado academicismo) insiste en que se debe enseñar.
Un ejemplo: en las tres maestrías que tengo he tenido que estudiar a los griegos. ¿Por qué?: porque se tienen que estudiar, porque los griegos fueron la base de la sociedad, bla, bla, bla. Y, si miramos hacia atrás, los griegos los estudiamos en las licenciaturas y hasta en el colegio. Y es falso que la forma de estudiarlos es diferente en el colegio que en la maestría. Y venga el “mito de las cavernas” otra vez. Así de memoria lo repite el profesor: y sin entenderlo.
Los obreros son adultos, son personas que necesitan recibir su paga lo más pronto posible porque su situación socioeconómica no les da para esperar. Eso es su día a día. Y, por tanto, tampoco tienen el tiempo para incorporarse en un programa que dura años. Ellos quieren aprender rápidamente algo que les permita recibir una paga por lo que hagan. Algunos lo podrán intentar, pero no lo logran y desertan del sistema que los obliga a estar muchas horas al día, semanas, meses y años metidos en clases (quizás oyendo a matemáticos o ingenieros perderse en derivaciones de fórmulas que es algo impráctico, a veces hasta para la universidad). Si a eso agregamos que no son personas formadas en la disciplina académica, lo que obtendremos será deserción o graduados de bajo nivel porque, al final, aprendieron muy poco.
Así que no debemos tomar el currículo de un colegio técnico (por bueno que sea) al que asisten jóvenes becados o financiados por sus padres y en proceso de formación bajo disciplina escolar y aplicarlo a adultos trabajadores o, lo que es peor, adultos desempleados desesperados por aprender algo rápidamente para ganarse el pan para sí mismos y su familia. Y estos últimos son los que más necesitan de la educación técnica como expectativa para salir de su crisis.
El INFOP (o como le llamen), debe ser algo diferente. Debe comprender que buscará capacitar a adultos y gente en edad económicamente productiva y que no tienen el tiempo de los escolares. Así que debe ser una oferta educativa que brinde resultados rápidamente.
Pero, esta oferta, debe ser producto de investigación de las necesidades reales del personal que demandan los empleadores o las falencias del mercado para que estos egresados vayan a llenar las expectativas de los empresarios o para que creen oportunidades de trabajo en aquellos espacios vacíos.
El modelo curricular debe ser tecnológico. No me refiero aquí a que tenga aparatos tecnológicos, sino a un modelo educativo que recibe este nombre porque, al igual que una empresa, produce de la forma mas rápida, eficiente y eficazmente, asimismo, este modelo curricular retoma esas características para brindar variedad de oportunidades para ingresar y egresar. No exige que un cursante tenga que ingresar por el mismo punto que todos los demás, y tampoco que deba egresar por la misma puerta de salida de todos los demás. Y tampoco, que tenga un tiempo predefinido y obligatorio. Es un currículo altamente flexible capaz de producir de manera óptima. Y eso mismo, permite reinventar dicho currículo de acuerdo a las exigencias del mercado laboral. No debe ser un currículo eterno que siga produciendo egresados cuando el mercado laboral ya esté saturado.
Aquí hay colegios técnicos polivalentes y consisten en dar una serie de cursos para que el alumno aprenda carpintería, soldadura, corte y confección, etc. No. Eso ahora no es ser polivalente. Eso vale para la edad artesanal. La polivalencia es generar una base de habilidades que permitan insertarse en diferentes opciones educativas que serán progresivamente cambiantes. Y apostar por aquellas que facultan para el mundo de la informática y mecatrónica. Aquellas que permitan desarrollar las capacidades que no podrá tener una máquina porque estas vienen avanzando para desplazar a los humanos en aquellos puestos de trabajo reiterativos en donde las máquinas superan por mucho al humano. Esto debería empezar con una evaluación psicotécnica por medio de aparatos tridimensionales o con software apropiado, ya no con tests psicométricos en lápiz y papel.