Por Boris Zelaya Rubí
“Las personas están cansadas de las promesas vacías de muchos políticos que aseveran que combatirán la corrupción, por lo que muchos optan por apoyar políticas populistas que aseguran que podrán cambiar el sistema y terminar con el ciclo de corrupción y prebendas. Sin embargo, lo más probable es que esto no haga más que agudizar el problema. La corrupción es el abuso de la función pública para beneficio personal”.
Hemos escuchado las protestas del expresidente Porfirio Lobo Sosa, una persona que fue muy amable mientras tuvimos la oportunidad de tratarlo a él y a algunos de sus parientes, posteriormente no sabemos si los allegados o “lame orejas” nos impidieron acercarnos a su despacho, pero es tiempo pasado y como decían las viejitas de antes ¡Dios sabe lo que hace!
Con la política del actual Presidente de “caiga quien caiga” las cosas van cambiando, aunque existen situaciones o señalamientos de acciones ilegales en que hay personas a quienes conocemos desde hace muchos años cuando bregamos en política, no podemos más que desearles que legalmente los fallos les resulten favorables.
Recordamos que cuando el expresidente Lobo Sosa pretendía ser miembro del movimiento en que militábamos, nos enviaron a entrevistarlo junto a otros correligionarios. Fuimos directo al grano y le espetamos: ¿Eres una persona de izquierda?
Contestándonos con su amplia sonrisa: no hombre, esas eran cosas de juventud. Ese fue el inicio de su meteórica ascensión hasta llegar a ostentar la Presidencia de la República, no juzgamos si lo hizo bien o mal, eso solo la historia y el pueblo lo dirá, pero sí nos imaginamos las situaciones dolorosas que está viviendo, a nadie que se aprecie se le pueden desear.
Lo escuchamos decir que no ha existido ningún gobierno donde no haya habido corrupción, que solamente que Dios estableciera un gobierno celestial (en parte le damos la razón), un mandatario selecciona su personal para administrar la cosa pública que no es “comida de trompudo”, pero jamás con la instrucción de que se llene los bolsillos con el dinero del pueblo. De ahí que al que delinque le caiga todo el peso de la ley.
Creo que su dolor y no es para menos, es la encarcelación de “su Rosa”, ojalá que la ley sea pareja como lo exige gritando a todo pulmón. Es triste verlo despotricar con sed de venganza, deseando que “les pase lo mismo”, creemos que su formación primigenia con su familia lo ha de haber acercado a Dios, debe dejar de hacerse daño, tratando de vengarse con los demás que quizá pronto les llegue su hora.
No existe ningún país en el que esté erradicada la corrupción por completo, las estadísticas demuestran grandes bajas por los controles que se han impuesto, quizás se vuelvan círculos viciosos, pues también tienen grandes corruptos en los sectores privados; de todas estas acciones los paganos son los más desvalidos.
Lo único que hará que los políticos y empresarios tengan temor de robarle al Estado será la aplicación de la ley. Los cargos de operadores de justicia deberían ser rotativos y que el Poder Judicial actúe sin engavetar los casos, por estar esperando algún favor o por las amenazas contra su familia. Tendrían que hacer más cárceles de ser posible con apartamentos especiales como los que existían en la otrora famosa Penitenciaría Central (P.C.) a la zona la llamaban La Mora, hogar especial para pudientes y políticos. Pero solo con denuncia habrá castigo y con restructuraciones habrán jueces valientes, que evacuarán los casos, sin estar atemorizados por el crimen organizado o fallando a favor de abogados “trinqueteros” de aquellos que ofrecen: si no te lo gano, lo enredo por muchos años.
Volviendo a la casi blasfemia de que Dios permita un gobierno celestial, sería imposible integrarlo con los que se hacen llamar representantes de Dios en la tierra, pues unos son “trasquiladores de ovejas y otros depredadores sexuales”, con las excepciones del caso, por supuesto.
Deseamos que la ley favorezca a “Pepe” y su señora de lo contrario, que todos los que han cometido errores sean juzgados igual.
De rodillas solo para orar a Dios.