Por: Noé Pineda Portillo
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Comenzamos un nuevo ciclo educativo nacional y la impresión que da es que comienza con entusiasmo. Cuando una obra se emprende así, en conjunto, con todos los participantes de la tarea a resolver, puede dar buenos resultados, si está bien planificada.
Veamos, de lo poco que hemos escuchado, se trata de cumplir importantes objetivos que en otras épocas se han planteado, tales como la mayor participación y bajar la tasa de analfabetismo. Este último problema que lleva siglos sin estar todavía resuelto y que otros países le han metido candela y según dicen lo mantienen en cero o cerca de cero.
Los que hemos trabajado por años en la educación sistemática, sabemos y estamos conscientes que la educación es un tema complejo, desde cualquier ángulo que lo quiera tratar. Lo es tanto desde el punto teórico como del punto práctico. La educación no es un tema sencillo, es complicado. Se puede tratar con equipos de trabajo que tengan experiencia y que tengan claras las metas a cumplir, si se quiere salir avante. Porque tampoco es que en un año o dos años vamos a resolver todos los problemas, pero sí se puede avanzar bastante, si se va paso a paso por satisfacer las necesidades perentorias y las que más afectan el sistema, tales como la infraestructura, materiales didácticos y luego la dinámica magisterial, donde en gran parte se generan problemas.
Si pretendemos calidad de educación, tenemos que tener calidad de maestros, si tenemos maestros desmotivados, haraganes, sin iniciativa y que no planifican su trabajo. Así, no vamos a ninguna parte. Calidad de educación, calidad de maestros, esa es la presentación de la escuela moderna, dinámica, futurista, filosófica y tecnológico-científica.
Aquí es donde se requieren los nuevos John Dewey, Jean Paige, Comenio, Rousseau, Pestalozzi, Montessori, Spranger, Freire y tantísimos otros que experimentaron para sacar enormes conclusiones y mejorar desde varios ángulos la educación universal. Por eso, es que el entusiasmo debe llevarnos a eso, ver esa lucha con intenciones de mejorar la humanidad para bien de todos.
Por eso es que no debemos ver esta tarea como otro ciclo más de 200 días laborales, sino como el avance de algo nuevo. Ojalá, al final de la jornada habremos llegado a un dígito la escala del analfabetismo y prometernos para la siguiente ronda otro peldaño consiguiendo el símbolo “0” de analfabetismo, pero no solo eso, también el cambio de actitud del hondureño hacia el progreso del país y la disposición al trabajo creativo para resolver los grandes problemas nacionales.
Honduras ha tenido en educación “reformas educativas parciales y por niveles educativos”. Primero la reforma educativa chilena con Latorre Salamanca en el nivel primario, en principio excelente capacitación de maestros y programas de estudio bien estructurados: Seguidamente, la reforma educativa del profesor Manuel Antonio Santos, también fue buena, en su momento, participamos como estudiantes de la Escuela Superior del Profesorado “Francisco Morazán” y luego como profesionales de nivel medio vinieron otros cambios sobre la misma reforma, que en otro momento sería bueno comentar.
Lo ideal sería una reforma de todo el sistema educativo nacional, desde la escuela básica hasta la universidad, pues la sociedad es una sola y para transformarla hay que tratarla en su totalidad, no por parches. Sin embargo, el egoísmo, la envidia, ese sentimiento de discriminación nos agobia y nos hace cometer errores para mejorar nuestra sociedad. Habrá que insistir en estos temas.