**Testimonio de vida del icono de la música clásica en Honduras
**Me crié oyendo música seria. Su padre fue su maestro
**Sus melodías, Voces de la Tarde, Remembranzas Hondureñas y Mañana de primavera en Washington, entre otras, las más aplaudidas
Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
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Imágenes compartidas de Jorge Amaya
DANLÍ, El Paraíso. La historia es una secuencia de hechos sobresalientes a través de los años que dejan huellas positivas o negativas, pero que al final se convierten en historia a través de las letras. Danlí contiene pasajes interesantes donde se destacan nombres de personas que brillaron con luz propia a través de la ciencia, las letras y la música.
Las presentes generaciones por falta de textos que recojan información completa sobre los principales hechos históricos de Danlí, carecen de información detallada sobre los principales acontecimientos que le dieron vida a este municipio. Lamentablemente, hasta hoy, solo contamos con una historia fragmentada que no contribuye al conocimiento exacto de los principales hechos históricos.
Una de las personalidades sobresalientes de Danlí, fue Manuel de Adalid y Gamero, más conocido por sus dotes en el arte de la música, fundador y primer director de la Banda de los Supremos Poderes.

Nació en esta ciudad el 8 de febrero de 1872, hijo del Dr. Manuel Gamero Idiáquez y Camila Moncada Lazo de Gamero, su formación profesional la hizo en el Instituto Central de Varones en la ciudad de Guatemala, falleció el 29 de marzo de 1947.
El profesor Darío González (QDDG) en su libro “Danlí en el recuerdo”, trascribió una semblanza de Manuel de Adalid, publicada de un libro de lectura titulado “Umbrales”, el nombre del autor no lo cita González, cuyo contenido es el testimonio de vida del artista sobre su vida familiar en principio y el relato de sus inclinaciones por los clásicos.
“Mi padre fue profesor de piano de mi madre. No se dedicó al cultivo de la música; pero era melómano, ejecutaba el piano con buena técnica, tuvo maestros italianos y, a su vez, enseñó a varias personas de su familia.
Yo me crié oyendo música seria, y con frecuencia mis padres se sentaban al piano y ejecutaban a cuatro manos oberturas de Rossine, de Adams; de Auber y selecciones operáticas de los mejores maestros italianos. Mi papá era muy aficionado a las tocatas de Clementi y a las sonatas de Mozart. Mi mamá ejecutaba de preferencia de Donazetti y de Verdi. Muchas de oberturas y selecciones que yo aprendí para la banda, eran piezas favoritas de mis padres. Le cuento eso porque explica mi gusto y mis tendencias musicales, expresó en una de sus cartas.

Según el libro de lectura citado por González, los fragmentos de carta arriba citados, pertenecen al renombrado compositor musicólogo hondureño Manuel de Adalid y Gamero. Este discípulo de Apolo descendía de un distinguido hogar de Danlí, ciudad de las colinas. Los padres con gran delicadeza artística, impulsaron la bella afición de su hijo por la música, como puede apreciarse en los trozos de las cartas citadas, lo mismo que su gusto por la literatura y su inclinación y estudio de las ciencias. Su padre era doctor en medicina y, poseía una de las mejores bibliotecas de la ciudad. Quizá esto le despertó también su inquietud por las ciencias médicas, a las que dedicó algunos años de estudio.
A muy temprana edad manifestó su vocación por la música. Empezó a leer las grandes obras de la literatura clásica y a pulir su gusto de artista. Tomó lecciones de armonía, contrapunto, composición, piano y órgano con los maestros Alexis Ayel Holmes, Deliponti, Cazatti y Peralta, en el Conservatorio de Bellas Artes de Guatemala. Cuando contaba con 21 años, fue seleccionado como organista de la Iglesia de los Capuchinos, en la misma ciudad.
Al regresar a su ciudad natal, organizó la orquesta eólica, con veinticuatro músicos cuidadosamente seleccionados por él. En 1885 formó con ese mismo grupo de artistas una Banda Cívica, que daba conciertos semanales en la ciudad, con el propósito de llevar la cultura musical al pueblo.
Por espacio de 9 años fue director de las bandas militares de Honduras y, luego director de la Banda de los Supremos Poderes. A estas dos instituciones se entregó con todo entusiasmo de artista, dedicándose a la formación musical de muchos jóvenes.

Los valses más aplaudidos son: “Serenata di Copelia, Barcarola, la Garza del Ulúa, Rosas de Otoño, Voces de la Tarde, Remembranzas hondureñas, Los Jardines de Danlí, Mañana de primavera en Washington, En el Bananal y Canto a Honduras”, que es un himno sinfónico. Una polka muy aplaudida ha sido “Stela matutina”. La muerte del bardo, es una composición para violín, violoncelo y arpa. Mi Suita Tropical, tuvo un gran éxito en la ciudad española de Sevilla, cuando fue ejecutada por primera vez en un concurso de bandas. En 1936, la United Service Orchesta de Washington, ejecutó el poema sinfónico “Los funerales de un conejito”.
Manuel de Adalid y Gamero era un magnífico conversador, tenía una veta inagotable de conocimientos sobre diversos temas artísticos, científicos y sociales recogidos de sus innumerables viajes. Con una pronunciación muy castiza y un hábil manejo de expresiones elegantes, hacía muy grata su presencia en cualquiera reunión.
Para Manuel de Adalid y Gamero, tres cosas eran indispensables en sus faenas diarias: su máquina de escribir, su “Orquetrófono” y su biblioteca. Le dedicó tiempo al periodismo; escribió gran número de artículos de orientación social, temas literarios y amenos pasajes de su vida.

Era tenaz cuando acusaba vicios sociales y políticos. Usaba una crítica fina con los necios. Repudiaba la crueldad, la injusticia y el mal gusto con el aferrado deseo de mejorar las condiciones culturales del país. El empeño de Manuel de Adalid y Gamero por difundir la cultura fue muy grande.
Pero un día aquellos instrumentos dejaron de oírse, enmudecieron. La parca en asecho, segó la vida del artista, a la edad de 75 años. Adalid y Gamero penetró en el alma de la hondureñidad, con su bello intermezzo: “Una noche en Honduras”.
Un famoso poeta hondureño dijo de Manuel de Adalid y Gamero: “Adalid es un hombre de combate, Adalid de la gran causa del arte, cruzado paladín de la belleza. Su nombre en el futuro sonará entre músicas, pues ha dicho cosas bellas en el único lenguaje en que se puede decir lo indecible, en que se pueden expresar cosas que no tienen traducción en palabras”.
