Por: Benjamín Santos
Un recurso de amparo interpuesto ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema ha vuelto a poner en la discusión pública el tema de si dos hombres o dos mujeres pueden contraer matrimonio. Sabemos que legal y culturalmente hasta hoy se ha rechazado esa posibilidad, pero algunos creen que tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe. Es decir que la insistencia al final consigue lo que quiere.
Todo cambia. En mi niñez y juventud nadie ponía en duda que la finalidad del matrimonio es la procreación, y por lo tanto era impensable que dos personas del mismo sexo quisieran contraer matrimonio. Siempre se supo que a veces la naturaleza se equivoca y pone más hormonas del sexo contrario al que aparece en la forma del cuerpo. En mi pueblo y en mi tiempo habían dos homosexuales a quienes respetábamos. Cuando nuestros padres querían afianzar nuestras convicciones varoniles nos ponían de ejemplo a los dos para evitar imitaciones. Con la proclamada y jurídicamente protegida igualdad de género, la homosexualidad se ha vuelto una moda.
La ideología de género predica que lo que traemos por naturaleza es el sexo, pero identificarse con uno u otro género es una preferencia personal que se va desarrollando en contacto con la convivencia social. Por eso aparecen en mayor número cada vez personas que dicen haber nacido en un cuerpo equivocado, porque siempre se han sentido mujeres en cuerpos de hombres o viceversa. Cuando con alguna ayuda profesional logran ser aceptados como dicen que son por naturaleza se sienten felices. A quienes no hemos vivido esa experiencia y que no hubiéramos querido vivirla, no podemos menos que sorprendernos por la frecuencia con que ahora se equivoca la naturaleza.
Hay coincidencia de la mayoría que opina al respecto que no tienen ningún problema en que las personas de la diversidad sexual lleven su vida como mejor les parezca, pero que el matrimonio por cultura y por ley solo puede realizarse entre hombres y mujeres por su finalidad principal: la procreación. Todas las demás funciones se relacionan con esa finalidad principal. Para fundamentar esa posición algunas se basan en motivos religiosos, legales o culturales, pero en general se coincide en el desacuerdo.
En lo personal no tengo una posición de odio ni de rechazo de la homosexualidad. Solo nos sorprende la frecuencia con que aparecen cada vez más casos como efecto de la ideología de género que se ha vuelto como una moda. Sin embargo por motivos religiosos, legales y culturales nos manifestamos en desacuerdo con la incorporación del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Sé que se me calificará de anticuado, pero a la edad que tengo no puedo aparecer sosteniendo criterios innovadores en materias tan complicadas como las que analizamos.
Si no puede ser para la procreación, ¿cuál es la finalidad del matrimonio homosexual? Pues algunos dicen que eso les permitiría adoptar hijos ajenos como propios. Otros dicen que es para formar un patrimonio propio y luego disponer por testamento su destino final. Finalmente algunos dicen que de esa manera podrían convivir y disfrutar su amor de manera más estable. Son motivos que en forma aislada no necesitan la legalización de la relación para que sea posible. Es difícil ponerse en los zapatos de quienes luchan por el matrimonio homosexual, porque siempre nuestra opinión se hará desde afuera de la situación que viven las partes interesadas.
A los educadores que hemos dedicado nuestra vida a esa actividad, nos queda la preocupación de que esas novedades influyan a los niños y adolescentes, porque todo lo nuevo llama la atención. Por supuesto que en esa labor el papel corresponde especialmente a los padres de familia. Nos falta saber cómo se resolverá el recurso de amparo que se ha interpuesto y que ha provocado esa discusión en la cual hemos querido terciar con la mínima serenidad requerida por cuestiones tan polémicas. Acostumbrados como estamos a respetar la autoridad y la ley, estamos abiertos para respetar lo que se decida en los estrados judiciales.
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