Por: Mario E. Fumero
El poder internacional y económico del movimiento LGTB, que promueven por todos los medios imponer jurídicamente la ideología del género gay, no se detienen en la lucha para lograr que los países democráticos cedan ante sus pretensiones de legalizar y reconocer el matrimonio gay como un derecho humano, y todo lo que después conlleva, para lo cual tienen el poder de comprar conciencias, medios y gobiernos. Ellos tratan de imponer una conducta, biológicamente anormal desde la perspectiva científica, para convertirla en legal jurídica, rompiendo los esquemas fundamentales y tradicionales de la sociedad hondureña.
Muchos no se dan cuenta de lo que se esconde detrás de esta campaña del movimiento LGTB, que impondrá otras aberraciones más, y a la larga, una vez que logren la aceptación de lo anormal como legal, quedarán las puertas abiertas para legalizar otras conductas antinaturales, como es el incesto, la pedofilia, el matrimonio con niños, con animales, la adopción, etc. Veremos cómo lentamente todas estas aberraciones, que obedecen a una conducta individual y sexual anormal, se le impondrá a nuestros hijos como una enseñanza normal, e incluso, se sancionarán y se llevarán presos a los que no las acepten o critiquen tales acciones, y muchos pastores y médicos que no se presten para hacerle el juego a este cambio de sexo, o ejecute el matrimonio gay, serán sancionados, como ya ocurre en otros estados. ¿Cómo es posible que una minoría que no llega al 10% le imponga al 90% de la población sus derechos antinaturales?
Dar paso a reconocer este matrimonio gay, conllevará a que al nacer los niños se les definirá un tercer sexo, el “neutro”, como ocurre en Australia. Si abrimos la pequeña puerta a esta propuesta, ¿qué vendrá después? La destrucción del principio básico de la familia. Recordemos las palabras de San Pablo cuando dijo que: “poco de levadura leuda toda la masa” (1 Corintios 5:6).
Ningún Congreso, de ningún país, puede legislar contra la naturaleza. La homosexualidad y las desviaciones sexuales son producto de trastornos psicológicos y conductuales, y no obedece a factores biológicos o genéticos. Científicamente en cada célula de nuestro cuerpo está determinado el género que somos, desde el punto de vista biológico, y aunque queramos cambiar el sentido del objeto, y darle otro nombre u propósito, siempre será lo que es en el AND, aun después de muerto. Debemos tratar las desviaciones sexuales como trastornos conductuales, y respetarles en sus inclinaciones, porque cada cual tiene el derecho de hacer con su vida lo que le dé la gana. Si un individuo se quiere sentir o reconocer como un perro, es su problema, pero esto no le da derecho y que todos los demás tengan que aceptar su conducta como normal. Si le abrimos la puerta a las pretensiones del movimiento LGTB, al matrimonio gay, no solamente estamos abriendo la puerta al supuesto matrimonio, sino que también estaremos abriendo la puerta a que en un futuro cercano se legalice el incesto, la pedofilia, el bestialismo, la poligamia y otras muchas formas de trastornos relacionados con conductas sexuales.
Es triste que el Congreso legisle contra la naturaleza y las tradiciones, imponiendo el matrimonio homosexual como conducta social. Pero va a ser imposible detener tal aprobación, porque tristemente ellos tienen el poder económico, el poder de algunos medios, y sobre todo, sus infiltrados en todas las esferas de la sociedad, principalmente en el Congreso, y como pastor, y conocedor de las profecías bíblicas, no me cabe la menor duda, que esto forma parte de la degradación social que prevalecería en los últimos tiempos, antes del advenimiento del anticristo y de la segunda venida de Jesucristo.
Es necesario que todos los pastores y líderes religiosos, y personas que defiendan la familia tradicional, hagamos un frente común para detener tal propuesta, porque somos más los que creemos en el matrimonio bíblico que los que defienden esta ideología, solo que ellos tienen recursos, influencias y capacidad de maniobra y nosotros, solo oramos y nos encerramos en nosotros mismos, y nuestro silencio y aislamiento, les da a ellos el espacio para triunfar, pero si se hiciera un plebiscito, estoy seguro que tal propuesta no saldría adelante.
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