SE reúnen europeos y latinoamericanos en Montevideo bajo los auspicios del presidente uruguayo, quien ha declarado ser neutral en el conflicto venezolano. El cónclave –del denominado Grupo de Contacto– inicialmente fue convocado por México y Uruguay como un encuentro de “países neutrales” de la región. A estos se sumaron los europeos como co-anfitriones. Luego se agregaron otros 3 países latinoamericanos, Ecuador, Costa Rica y Bolivia, mientras México aclaró que si bien participa en la cita no integra formalmente el grupo. Como se sabe, el nuevo gobierno mexicano retoma la Doctrina Estrada (ligada a la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados y la autodeterminación de los pueblos). Ello no solo quebró la unidad del Grupo de Lima, que no acepta la legitimidad del régimen encabezado por Nicolás, sino que llegó como maná caído del cielo a dar un inesperado respiro a la autocracia.
En suma, asisten a la reunión los cancilleres de México, Bolivia, Costa Rica y Ecuador y Uruguay, así como sus pares de España, Suecia e Italia. También participan funcionarios de Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Portugal. No hay consenso entre los asistentes en lo que concierne a la ruta que deben seguir. Unos –que ya reconocen al autoproclamado Guaidó– solicitan elecciones anticipadas de inmediato; algunos, partidarios de Nicolás, exigen que nadie intervenga en el asunto venezolano y que dejen tranquila la autocracia; otros, los neutrales, quieren mediar en el conflicto, propiciar un diálogo entre las partes, dizque para evitar la violencia. Parecido a lo que ya ocurrió antes en Venezuela. Llevan dos procesos de diálogo fracasados. (En uno de ellos intervino el Vaticano hasta que Nicolás conminó a la Conferencia Episcopal que las sotanas fueran a echar pulgas a otro lado). El régimen nunca cedió una sola concesión a la oposición. Aprovechó la tregua para dividirla, reprimir a los insurrectos y luego sacó la Constituyente de la manga de la camisa. El engendro oficialista convocó elecciones anticipadas a las que no acudieron los partidos de oposición. El obediente Tribunal Electoral contó los votos dando por oficializada la reelección de Nicolás. La Asamblea Nacional –el único órgano salido de elecciones que controla la oposición– no ha servido más que de adorno, ya que toda resolución la tumban los jueces sometidos que integran el Tribunal Constitucional. Para que sopesen las diferencias entre los gestores de buenos oficios en el conflicto.
Mientras la alta representante de la Unión Europea pide elecciones libres y transparentes en Venezuela, el presidente uruguayo, anfitrión del evento, solo hizo múltiples alusiones al diálogo pero ni por asomo se le ocurrió hablar de convocar a elecciones. La propuesta presentada por Uruguay, México y países del Caricom –diálogo sin condiciones previas– no incluye llamado de elecciones en Venezuela. Nicolás, sabiendo que a nada llegaron los pasados procesos de diálogo y que un nuevo ensayo le sirve otra vez para quitarse la presión de encima, fue el primero en manifestarse entusiasmado con la propuesta.
Aduce que está listo para el “entendimiento”. El autoproclamado, se niega a un “falso diálogo” que permita a Maduro ganar tiempo. En el Grupo de Contacto, la mayoría de los que participan son partidarios de Nicolás o se autodenominan neutrales. En lo que pareciera que están todos de acuerdo es sobre lo inadecuado de una intervención armada en Venezuela. Allá en el Senado norteamericano, aún cuando la Casa Blanca ya reconoce al interino y exige la salida de Nicolás, también encalló un respaldo bipartidista al autoproclamado Guaidó, cuando los negociadores discreparon sobre la inclusión o no de la opción militar. Así que amable lector, si los del contacto no pueden ponerse de acuerdo en lo único que resolvería la crisis, peor para que lo hagan los venezolanos. Mientras, la zozobra del pueblo venezolano va para largo.