Bloqueo eficaz

Por Rodolfo Dumas Castillo

Se mantiene vigente en Honduras la idea de impulsar la aprobación de una Ley de Colaboración Eficaz. Esta fue propuesta originalmente por la MACCIH durante la corta gestión del señor Juan Jiménez Mayor y se inspira en mecanismos similares implementados en forma exitosa en otros países. La primera versión surgió en febrero del 2017, es decir, ya está por cumplir dos años de haberse introducido a la agenda nacional como un elemento que podría fortalecer la lucha contra la corrupción.
Se escuchan insistentes peticiones de partidos políticos, dirigentes de sociedad civil, organizaciones gremiales, empresariales y obreras exigiendo se retome la discusión de dicho instrumento en el Poder Legislativo. Estas incluyen las publicadas a través de las redes sociales por la encargada de la Embajada de los Estados Unidos de América: “Alentamos al @Congreso_HND a aprobar leyes como la Ley de Colaboración Eficaz y la Ley de Secretos. “No más impunidad”. Lo de la nefasta e ilegal Ley de Secretos merece un comentario especial, pero será en otra ocasión.

Lo que todos estos sectores deben comprender es que a ese poder del Estado sencillamente no le interesa el tema. Es más, han hecho todo lo posible por obstaculizar cualquier esfuerzo por introducirlo en la agenda legislativa, convirtiéndose así en efectivos guardianes de la corrupción e impunidad en este empobrecido país.

La decisión del Legislativo, particularmente de quienes lo dirigen, es firme. Su compromiso con la opacidad y cualquier esfuerzo que rompa el circuito de la pillería en Honduras es más fuerte aún que la certeza de lo que les espera en el futuro (muy pronto) cuando tenga que enfrentar la justicia, tanto la terrenal como la divina.

Tampoco podemos pretender que ese mecanismo será la solución definitiva de la corrupción, pero, así como están las cosas, cualquier herramienta que apoye los esfuerzos por reducirla resulta valioso y oportuno, particularmente por la complejidad de las redes de latrocinio que conforman sectores oficiales y privados en Honduras.

El ejemplo nos llega desde afuera. Esas redes de narcotráfico que lenta pero seguramente están siendo identificadas por cada uno de los apresados que, por salvar el pellejito, corren a colaborar con la DEA o el Departamento de Justicia (incluyendo aquellos que se creen vivos al declararse no culpables, pero después terminan por cambiar su declaración al descubrir que están en callejón sin salida). ¡Estos también cantarán como canarios! y así seguirán cayendo los demás.

Volviendo a nuestro Congreso, en lugar de aprobar reformas relevantes y urgentes como la que ahora comentamos este ha estado ocupado aprobando el día de la baleada, proponiendo más restricciones a la libertad de expresión y muchas otras similarmente perniciosas, incluyendo algunas gotas de maquillaje para nuestro fracasado sistema electoral. Ahora también surgen rumores de nuevos esfuerzos desde la guarida legislativa de reactivar figuras como la inmunidad y traspasar al elefante blanco conocido como TSC algunas facultades que actualmente competen al Ministerio Público.

Hace pocos días se publicó el Índice de Percepción de Corrupción y Honduras sigue destacándose como uno de los peores en el mundo. Algunos se preguntan, ¿por qué será? Con actitudes como la de nuestro Poder Legislativo no debería ser ninguna sorpresa, aunque es oportuno reconocer que ese poder del Estado no tiene el monopolio en esa materia y que los otros dos también aportan generosamente a esa percepción.

En todo caso los que piden la Ley de Colaboración Eficaz ya están sabidos. Este Congreso está empecinado en seguir su bloqueo eficaz en beneficio de la corrupción. No hay duda que el Pacto de Impunidad es poderosísimo.

Twitter: @RodolfoDumas