LA proeza de Bukele en El Salvador no es poca cosa. “Hijo del empresario y doctor en química y farmacia, ya fallecido. Cuyo padre de religión cristiana ortodoxa y madre católica inmigraron a El Salvador desde la ciudad de Jerusalén y Belén respectivamente, cuando ambas ciudades estaban en poder del Imperio Otomano”. Después de Saca, es el segundo presidente salvadoreño de descendencia palestina. Su familia –a riesgo de ir a parar a la cárcel durante la lucha armada salvadoreña– dio refugio a guerrilleros del izquierdista Frente Farabundo Martí, entre ellos al comandante Schafik Handal, también de origen palestino. La agencia de publicidad familiar le permitió trabajar en la fracasada campaña presidencial de Facundo Guardado. En el 2012, estrenándose en la política, gana la alcaldía de Nueva Cuscatlán. Su buena gestión lo llevó a ser postulado por el Frente para rescatar de la derecha la alcaldía de San Salvador. Por discrepancias con la cúpula de la facción exguerrillera fue expulsado del partido.
(Cómo se repite la historia. Testimonio de la inutilidad de las expulsiones a falta de tolerancia dentro de las cúpulas autoritarias de las instituciones políticas. También aquí en Honduras, varios expulsados de sus partidos políticos alcanzaron la Presidencia de la República). Echado de su organización intentó formar su propio partido pero este no fue inscrito por la autoridad electoral. Después de dos intentos fallidos buscando la presidencia por facciones de centro izquierda, no le quedó de otras que echar mano de su única opción. Encontrar albergue en una coalición de pequeños partidos de derecha y desde allí enfilar baterías tanto contra los gobiernos de ARENA como del FMLN. En los momentos precisos cuando la feligresía salvadoreña se encontraba harta de la política tradicional. Diríase que su éxito se produce cuando los astros se alinean en la coyuntura, siendo además un tributo a la persistencia. Ni aminorarse porque lo expulsan o achicarse porque le trancan una aspiración o no le inscriben un partido. Confiesa en una entrevista que “dio gracias a Dios por su expulsión del FMLN”, ya que de haber corrido como candidato a alcalde no lo habría hecho a la presidencia. El castigo de la Comisión de Ética –similar a esos tribunales inquisidores que montan los partidos para deshacerse de sus mismos correligionarios indeseables– fue por haberle dicho “bruja”, arrojándole una manzana a su compañera la síndica municipal. Todavía enfrenta cargos en un proceso judicial por “violencia machista”.
“Dios lo lleva a uno –prosigue Bukele rememorando episodios de la campaña– por donde menos se imagina”. Acude a una cita bíblica para ilustrar el apoyo de la población a su candidatura: “Si me fuiste fiel en lo poco, me serás fiel en lo mucho”.
(Queriendo significar que si fue buen alcalde la opinión pública percibirá que será buen presidente). Se ampara en las obras que ha realizado, como testimonio de haberse ganado la confianza popular, (aquí diríamos por sus obras los conoceréis) y considera que el país, en esta nueva etapa que se avecina, está listo para salir de la postguerra. Gana bajo la impresión que transmite de ser un “outsider” antisistema. Aunque nada de ello implica que no haya tenido militancia partidaria o que recién ingresa a la política. Aparte de carisma para ser atractivo al auditorio y por supuesto, la autenticidad.