Mitos y verdades (3/3)

Por José María Leiva Leiva

Según leemos en su biografía, Kenji Orito Yokoi Díaz, “nació en Bogotá, Colombia, el 13 de octubre de 1979, es hijo de un ingeniero japonés y de una exfuncionaria diplomática colombiana. Creció entre Colombia, Panamá y Costa Rica, debido al trabajo de su padre. A los 10 años, se mudó junto a su familia a la ciudad de Yokohama, Japón, donde permaneció hasta los 24.

A los 16 años Yokoi comenzó a estudiar ciencias religiosas y trabajo social vinculado con la comunidad presbiteriana. A su regreso a Colombia, comenzó a trabajar en labores comunitarias en el barrio San Francisco de ciudad Bolívar, en Bogotá. Labor social que lo llevó por las favelas de Río de Janeiro y los suburbios de Nueva York, donde ayudó a familias pobres y a pordioseros”.

Yokoi Kenji mantiene la fundación “Turismo con propósito”, a través de la cual busca promover una visión abierta y con disposición ante culturas distintas de la propia. Su fama llegó gracias a un video colgado en YouTube en 2010, titulado “Mitos y verdades sobre Colombia y Japón”, donde se vale de adagios nipones como “desconocer una verdad me hace esclavo de una mentira”. Y a partir de aquí su éxito no ha parado de crecer como conferencista motivacional, logrando impactar a su audiencia con su forma particular de ver al mundo, sobre todo, al ensamblar lo mejor de la cultura oriental y la colombiana: “la disciplina del japonés y la alegría y perseverancia del colombiano”.

En aquella conferencia, Kenji sostiene que “todos los días decimos mitos del tipo “el sol sale, y no es verdad” porque el sol no sale; al contrario, nosotros damos vueltas en torno a este. Otro mito, según Yokoi, es “la ropa me queda pequeña”, cuando en realidad “es que usted está engordando”. Con estos sencillos ejemplos fue construyendo un mensaje que logró calar en el público colombiano y en otros países latinoamericanos, además de Japón, en cuya cultura inspira sus enseñanzas”.

“Cita el mito de la inteligencia de los japoneses y otros con los cuales creció. Relata que su propio abuelo, quien tuvo una gran influencia en él, siempre le decía que los japoneses eran una “raza superior”, porque creaban equipos electrónicos.
“Los japoneses no son inteligentes, eso es un mito”, afirma Yokoi. Ellos son iguales a los colombianos, a quienes incluso considera más inteligentes. La diferencia es cultural. A los japoneses no les interesa ser más inteligentes que otro pueblo, sino disciplinados”.

“Explica que ellos parten de la filosofía encerrada en otro adagio popular: “La disciplina tarde o temprano vencerá a la inteligencia”. Y agrega: “el colombiano sí es inteligente pero no es disciplinado”. El colombiano tiene una gran capacidad de adaptación a situaciones y lugares, es creativo, pero le falta la disciplina. Otro mito que echa por tierra Yokoi se refiere a la riqueza de los japoneses y la pobreza de los colombianos”.

Afirma que Japón no posee riquezas minerales sino humanas; en cambio, Colombia posee riquezas materiales pero el recurso humano no se valora a sí mismo. “Se ha hecho de la miseria un negocio”, la gente prefiere pedir limosna y dar lástima. El conferencista sostiene que los pobres tienen esta condición por su mentalidad de pobreza, alimentada con donaciones. Y sentencia con una interrogante: “¿qué tiene Japón que no tenga Colombia además de recursos minerales?”.

“Otro elemento al cual suele referirse Yokoi está asociado al éxito: “Si te sientes exitoso y no sufriste por tenerlo, seguramente no es el buen tipo de éxito”. Basado en la filosofía y la sabiduría japonesa, él sugiere que mientras más difícil sea la meta, hay que esforzarse más”. Véase: https://www.lifeder.com Concluyo con la imperdible historia que ejemplifica en forma precisa y elegante, la distinción entre los conceptos de honestidad e integridad, en los términos siguientes:

“Estaba un japonés con una dama en un hotel y pide una pizza por teléfono, y al llegar el pedido lo abre y se da cuenta que no hay pizza, que solo hay como $1,800 usd en efectivo y le comenta a su compañera lo sucedido. ¿Dónde está la pizza?, solo hay este dinero, hay que regresarla. “¿Pero qué dices, estás loco?, está genial, la pizza cuesta $17 usd y ahora tienes $1800 usd, no la regreses”, le dice ella. “Si, la voy a regresar porque yo pedí una pizza”. El japonés decide ir a la tienda con la mujer a regresar la caja con el dinero y exigir su pizza. Y le dice al cajero lo siguiente… Disculpe, vengo a regresar esta caja y a que me den mi pizza. Pero señor, usted escuchó el programa de radio de la promoción.

No sé de lo que me está hablando y no me interesa, yo quiero mi pizza. Señor, usted puede quedarse con el dinero, solo ocupamos que salga en televisión nacional para que todo mundo vea que aún existen personas honestas como usted. No me interesa, yo solo quiero mi pizza. ¿Aunque sea puede decirme su nombre para hacer un reportaje? No por favor, no quiero que nadie sepa esto. Pero el mundo debe saber esto señor. Mire, acérquese un momento. El cajero se acerca y el japonés le dice: No quiero que mi esposa se entere que estuve en un hotel pidiendo una pizza. ¿El japonés era honesto? Sí, totalmente honesto, pero no estaba siendo íntegro”.