A tan solo dos meses

Por Carolina Alduvín

La semana pasada el nuevo gobierno de México, encabezado por Andrés Manuel López Obrador ajustó 60 días, luego de las elecciones más concurridas de aquel país en tiempos recientes y cuyas campañas fueron altamente polémicas, ocasionando muchas fisuras entre familiares y amigos. La mayoría de los analistas acostumbra esperar a que pasen los primeros cien días para liberar el primer análisis; sin embargo, esperar más de un mes que aún falta, multiplicaría los sucesos de ambos signos y restaría importancia a varios que ya lucen preocupantes, casi todas las decisiones hasta ahora lucen precipitadas, improvisadas y lo peor: llevan el toque populista que vimos al comienzo del nefasto régimen chavista en Venezuela.

Comienza poniendo en libertad a una reconocida dirigente magisterial condenada por corrupción contra su propio gremio; como manera de agradecerle el apoyo al generar caos en la capital y otros puntos del país, cuando alegó en 2006 que le habían arrebatado la presidencia. Resultado, la quiebra de muchos pequeños negocios y un largo trastorno en la movilidad de muchos trabajadores en aquellos días.

Acto seguido, hizo que todos los fondos de pensión perdieran capital de los trabajadores cotizantes por la peregrina cancelación de las obras del nuevo aeropuerto capitalino, alegando corrupción en los contratos; despilfarrando así más de 100 mil millones de pesos ya invertidos en estudios y obras; como alternativa, caprichosamente autoriza la construcción de otro aeropuerto en terreno estratégico de los militares, sin estudios de factibilidad ni licitaciones, soltando un “enganche” de mil millones, según estimaciones de los expertos.

En pocos días, 2 alcaldes, 1 senador, 1 gobernadora y 1 empresario opositor mueren, se dice que asesinados, no hay pruebas, pero resulta demasiado sospechoso; se pretende explicar los hechos mediante supuestos accidentes, las investigaciones no progresan.

Las entidades más productivas del país quedan sin gasolina y resultan más de 20,000 millones en pérdidas económicas, al haberse cerrado los ductos, alegando combate a la extracción ilegal del combustible. Una poco inteligente y precipitada “estrategia” para combatir el delito, secuestrando el bien en lugar de arrestar a los delincuentes; cuando muchos de ellos, se sabe quienes son, porque operan desde la misma PeMex y consta en fuentes bien documentadas. Más de 500 pipas, como para compensar el cierre, compradas en un viaje de 3 secretarios de Estado, se dice que sin licitación. Cancelación de compra de gasolinas y crudo ligero, generando paros de refinerías y desabasto de combustibles. A la fecha, cero detenidos o presentados por la lucha contra el huachicol. Como corolario, un directivo de PeMex viaja a calmar inversionistas a New York y regresa con peticiones de renuncia y una deuda que representa mayores pérdidas.

Inicia la construcción de una refinería en el estado natal de AMLO, sin licitación y sin producción de crudo. Inversiones millonarias para perforar pozos petroleros detenidas “por revisión de contratos”. Tres mil millones de dólares de inversiones en energías limpias suspendidas por cancelación de subastas. Un tren autorizado en el sureste del país por “la madre tierra” sin estudios ambientales ni de factibilidad técnica, ni licitaciones. Cuatro vías de ferrocarril secuestradas provocando paros a industrias. El primer viaje anunciado del presidente es a Rusia.

Programas de “asistencia social” –al menos 3– que regalan el dinero que quitan a los contribuyentes para ninis y delincuentes huachicoleros; corrupta manera de comprar lealtades para cuando, llegado el momento, hay que defender “conquistas” en las calles, una cara fuerza de choque contra la misma ciudadanía que los va a mantener. Cero acciones contra el narco y otros enemigos de México. No hay rendición de cuentas, de ningún tipo. Plena opacidad en las estrategias, resultados y destino de los recursos.

¿Por qué habría de importarnos el destino de otro país? Porque es el que a final de cuentas cargará con nuestros migrantes, tanto porque AMLO quiere quedar bien con Trump, como por elevar su toque populista, lo que al final de cuentas le va a pasar la factura por mantener gente sin oficio antes que a sus connacionales que lo llevaron finalmente donde quería llegar.