Un error que debe enmendarse

Manuel Aguilar Palma

Aunque el problema de la contaminación es un hecho, con dimensiones nacionales, hoy como un capítulo aparte de toda una obra histórica, vamos a referirnos al grave problema de contaminación que vivimos en esta siempre querida Villa de San Miguel de Heredia, donde en este momento que el verano empieza a arreciar, se principia a sentir con mucha intensidad, a veces, malos olores, que en ningún momento resultan agradables y recomendables para nuestra salud.

Desafortunadamente, aquí en la capital, desde hace muchos años se cometió un error, deliberadamente o no, yo diría grave, por las autoridades correspondientes, como siempre, que no midieron las consecuencias de lo que hoy estamos padeciendo, y lo peor es que seguiremos padeciendo, pues no vemos a la autoridad correspondiente interesarse por buscarle solución al problema, y es la de permitir que las aguas negras o “serviles”, como dicen nuestros ingenieros, como otros desechos, no menos perjudiciales, desemboquen en el famoso “Río Grande” y en el siempre “Río de El Oro o Chiquito”.

El problema es grave en un doble sentido: Lo primero es porque se trata de la capital de la República, que debería de ser un ejemplo de urbanidad y aseo en todos los aspectos, para mantener excelente imagen en beneficio del rostro de la capital hondureña, que debería ser orgullo de todos y de los escasos turistas que nos hacen el favor de visitarnos. Y lo segundo, es que la contaminación de sus aguas, invaden ríos quebradas y todo tipo de riachuelos de muchos poblados del interior del país, utilizando muchas veces sus aguas, según me lo comentó un productor-vendedor de los sectores, para el riego de hortalizas, que después desgraciadamente se venden en nuestros mercados y supermercados . Entre nosotros, particularmente entre nuestros compatriotas, que tienen sus negocios en las cercanías de los dos gigantes ríos, los malos aires ya no causan malestar, en su olfato, pero es indudable que sí lo provocan en su salud, esto quizá será por aquello de que el humano se adapta al ambiente, donde habita. Y vale más…

El desagradable ambiente ha causado “permanencia” de peligro, durante todo el año, pues nadie desconoce que en el invierno los ríos se salen de sus caudales, e invaden calles adyacentes, como pasa con barrios y colonias de este término municipal, y por el verano, se respiran malos olores, que incomodan al que circula por sus calles.

Un día de los que corren, caminaba por la primera avenida, luego por la segunda y más tarde por la tercera de Comayagüela, cuna de grandes talentos, como Molina, Valle y Durón, y otros tantos más y reparé cómo abundan rótulos de aquellos que hay por todos lados, pero que hoy los veo con frecuencia por esos sectores, conteniendo los avisos: “Se vende esta casa”.

De inmediato, mis recuerdos se retrotrajeron a la Comayagüela que yo arribé, hace algunos años, que por la cercanía del centro de la capital y la seguridad que se respiraba por sus calles y avenidas, las veinticuatro horas, familias muy honorables, de estirpe, comerciantes, empresarios, intelectuales, como estudiantes que veníamos de diferentes senderos de nuestra geografía nacional, preferíamos para nuestra estadía aquí, la zona que hoy precisamente presenta el mensaje: “ Se vende esta casa”.

Personalmente guardo gratos recuerdos de la Comayagüela de aquellos años, particularmente de los tiempos de estudiante en el Instituto Central, cuando con los compañeros que cursábamos estudios, nos quedábamos en alguna esquina, en algún parque, en algún café, hasta altas horas de la noche platicando de nuestros amores, como de nuestros proyectos, como futuros profesionales, hasta retirarnos a nuestro descanso a la una o dos de la mañana ,sin el mínimo asomo de cansancio y preocupaciones por nuestra seguridad personal,

Las causas de su venta son obvias, y las autoridades competentes, deben enmendar lo más inmediato el grave error, que se viene arrastrando desde hace muchos años, hoy, porque mañana las consecuencias pueden ser graves, en extremo.

Periferia de San Miguel de Heredia