“Probrecito yo”

Con el comportamiento de los políticos aderezados de conflictos e intereses que generalmente no son a favor de los pueblos, se podría decir que en todas partes del mundo se cuecen habas. Me refiero al editorial de LA TRIBUNA del 26 de diciembre de 2018 con el título “Pobrecito yo”.

El conflicto que mantiene el señor Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, con el Congreso por no autorizarle los cinco mil millones de dólares para la restante edificación del muro en la frontera de los Estados Unidos con México se está agudizando sin necesidad de tanto aspaviento, si analizamos la situación del siguiente contexto.

La revista “Semana Noticias”, en su entrega del 28 de enero de 2017, en su página 6, informa en uno de sus acápites que: “Con la llegada de Bill Clinton al poder en 1993, los demócratas levantaron, sin escándalo alguno, el polémico muro de la misma forma que Barack Obama ha sido el presidente que más indocumentados ha expulsado durante sus ocho años de gobierno, casi 2.6 millones de emigrantes deportados”. Y la revista adicionalmente nos informa de un muro virtual vigilado por cámaras, sensores térmicos, rayos X y más de 20,000 agentes fronterizos.

Complementariamente hay que puntualizar también que México y Centroamérica han descansado una parte de su economía en el envío de remesas de los emigrantes y nunca se han propuesto pergeñar programas de trabajo para evitar la fuga, a futuro de sus connacionales a los Estados Unidos de América; antes bien, se solazan con las estadísticas de sus envíos que año con año robustecen con miles de dólares sus economías nacionales. Resulta paradójico que el actual presidente yanqui, hijo de padres emigrantes, centre su programa de gobierno en luchar contra la emigración mexicana y mundial y su necia terquedad por levantar un muro alrededor de la frontera mexicana. Es por ello que en el pasado un político mexicano espetó la frase que quedó grabada para la posteridad: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

A veces me pregunto si es que el señor Trump como jefe del imperio norteamericano quiere borrar las huellas fatídicas e imborrables de sus intervenciones militares en América Latina con la edificación del muro; no quiere recordar, me imagino, los desastres y las masacres perpetradas por los “marines” en Panamá en 1989 o la traición en Las Malvinas en 1982. Porque definitivamente México es la vitrina de Latinoamérica. Es el espacio de su “patio trasero” con que el imperio siempre ha visto a estos países al sur del Río Bravo, o será que pretende olvidar la mescolanza de acontecimientos extraordinarios que generaron situaciones de rechazo al imperio yanqui que se materializó con el lanzamiento de huevos al vehículo del entonces vicepresidente Richard M. Nixon cuando visitó América del Sur en 1956 o de la visita a Honduras del vicepresidente Nelson Rockefeller en 1969 y que provocó la muerte de un estudiante por parte de las fuerzas del orden.

O será que no quiere saber de robos y latrocinios que cometieron sus tropas cuando el imperialismo allá por 1868 cercenó la mitad del territorio mexicano, específicamente los estados petroleros, porque siempre han tenido una excelente visión a largo plazo de sus negocios e intereses. En este campo siempre han sido muy inteligentes y compenetrados de su misión y sus objetivos geopolíticos.

A los políticos hondureños se les acabó la fiesta. Deben actuar con sentido de responsabilidad y altura de miras. Es imperativo un cambio de actitud. Es absolutamente necesario enfrentar este desafío que nos impone Trump con su muro e implementar programas para generar trabajo y otros tangibles beneficios para las capas sociales menos favorecidas y no se vean irrefragablemente a buscar de nuevo el “sueño americano”.

Esperaremos…

César Augusto Bonilla Ochoa
Tegucigalpa, M.D.C.