Cantero

Por José Jorge Villeda Toledo

El 12 del 12… el calendario de las grandes remembranzas hizo un recorrido en un santiamén… ¡a pesar de haber transcurrido más de 92 años! En aquella fecha del año recién ido, Cantero inauguró su nueva tienda de alta joyería y orfebrería en el primer nivel del novísimo edificio Corporativo 1908 en Río de Piedras de San Pedro Sula. Toda una historia se vio reflejada en un rico legado lleno de joyas, de un hito legendario que data de 1926 y una asistencia que llenaba la nueva tienda presta a escuchar las palabras de bienvenida de doña Sandy Villeda Cantero de Rosenthal: “Detrás de cada sueño hay un soñador y, en esta ocasión, la imagen de nuestro abuelo Alfredo Cantero se agiganta al recordarlo… mientras, mis hermanos y yo correteábamos de niños en el legendario edificio de Tegucigalpa y que albergó por muchos años Joyería Cantero. Al faltar él, nuestra madre Sandra Cantero, quien está aquí a mi lado, siguió su legado con la misma entereza y pasión, sirviéndonos de inspiración para que aquel sueño continuara siendo una realidad. Y es así que la segunda y tercera generación está en marcha, con la misma visión de su fundador, quien tuvo la audacia de hacer cosas que nadie se había atrevido hacer antes”. Y entre aplausos de los asistentes se procedió a cortar la cinta y a escuchar la palabra de Dios en voz del sacerdote Yobani Mejía, quien bendijo el local esparciendo agua sobre los invitados. Y en aquel ambiente de inauguración parecía que las luces y el color brotaran de las vitrinas para recordarnos una herencia que debe servir de ejemplo y devoción al trabajo… una historia escrita a pulso, con letras de oro, de ese mismo metal precioso que tanto tiene que ver con su éxito, su prestigio, su tradición.

A mediados de la década de los veinte, se peleaba en la costa atlántica de Nicaragua contra los filibusteros que se escondían de sus fechorías y asesinatos. Esas condiciones que se volvieron políticas y peligrosas hicieron que un joven huyera entre balas y turbas a lo largo del litoral atlántico, hasta llegar a tierras hondureñas en Trujillo. Allí respiró aires tranquilos, lo que le permitió ordenar su pensamiento. Ese compás de espera, le daba la oportunidad de comenzar a hacer planes y pensar en algo que tiempo atrás le bullía en su mente. Desde niño se sentía atraído por la relojería. Era nato en él verse frente al complicado mundo de una máquina de reloj y verla siempre marchar. Era tal su don que llegaba al entretenimiento, aunque pasara horas ensimismado entre pines y ensortijados. Así llegó 1926, el año que formalizó la atención a los ejecutivos de las compañías bananeras y a lugareños que iban sabiendo de su habilidad y conocimiento en la materia. Ese año comenzó a escribirse una historia que hoy rebasa los 92 años de haber sido concebida… una historia que trasciende las fronteras, desglosando sus páginas en beneficio de una industria que reconoce en sus artesanos y orfebres el ser pioneros y sostenedores de un primer lugar en joyería, relojería y afines en Honduras. Don Alfredo Cantero fue creciendo en sus sueños y realidades. De Trujillo se traslada a La Ceiba en 1928, siguiendo la mudanza de la compañía bananera de donde se nutría su ingreso y desarrollo. En 1930 llega a San Pedro Sula donde contrae nupcias, y arriba con su esposa a la capital Tegucigalpa en 1933, donde la joyería comienza a prosperar haciéndose más exclusiva. En 1950 obtiene la exclusividad de Rolex, la marca líder de relojes en el mundo. Ese tesón y esa constancia lo llevarían a construir su propio edificio en el centro de la ciudad en 1958. Un edificio que llegó a familiarizarse con la gente, a tal grado de ser protagonista de las canciones de la época y de referencia en direcciones. Es aquí donde consolida su negocio, fortalecido con el arribo de nuevas marcas, que hoy continúan siendo pilares en su venta y que en el mundo se les conoce como líderes en su ramo. Esa fortuna de atesorar tanta calidad y obtener una asociación de tantos años con tantos éxitos, es lo que heredó don Alfredo Cantero, a la segunda y tercera generación que hoy ha tomado la dirección con aquel mismo espíritu de trabajo tesonero, base para que su nombre siga manteniendo ese primer lugar de preferencia y esa luminosa estela que le hace ser ejemplo en los negocios. Don Alfredo Cantero fallece en 1991, después de darle al país una vida productiva y afanosa, dejando en sus hijos un ejemplo y una dirección a seguir. Desde entonces su hija Sandra Cantero sigue sumando fechas que dignifican aquel esfuerzo que comenzó a caminar firme por las arenosas playas de Trujillo.

Está presta con sus hijos para velar porque Joyería Cantero trabaje en beneficio del desarrollo de la nación y sea la primera en la venta y en la compra, porque esa transacción comercial está respaldada por marcas de renombre mundial, por diseños de su propia orfebrería y, más que todo, por esa herencia que es ejemplo y devoción al trabajo… herencia que hoy permite, con la inauguración de la modernísima e insignia tienda CANTERO, rendirle un homenaje a quien comenzó a darle lustre a esta historia que data de 1926.