Por: Benjamín Santos
El trabajo es la fuente de la riqueza a nivel nacional e individual. Así es y así ha sido siempre. Solo en los últimos tiempos ha surgido y se ha multiplicado la costumbre de acceder a la riqueza sin trabajar y eso ha conducido a multiplicar el delito desde la delincuencia común que causa un daño personal y familiar hasta la dimensión colectiva de la delincuencia por sus efectos en forma de corrupción y de otras formas.
Pero el trabajo no solo es fuente de los medios económicos para subsistir e invertir. Quien no trabaja, porque no encuentra las fuentes para hacerlo, porque no tiene la preparación necesaria o sencillamente porque no quiere perder la oportunidad de desarrollar sus facultades creativas, su salud y hasta su recreación, porque el trabajo cuando se hace con gusto es diversión. Por supuesto que hay unos trabajos que requieren un esfuerzo mayor que otros, pero en general el empleo de la energía mental y física en una actividad productiva llena varios objetivos.
Desde la antigüedad se ha hecho la diferencia entre trabajo material e intelectual. Clasificación que no es del todo correcta. Aunque hay una diferencia entre servir clases y manejar una máquina, ambas actividades requieren conocimientos y habilidades materiales. Sin embargo se mantiene esa diferencia de manera que quien obtiene un título profesional se aleja de toda actividad material y considera un desprestigio volver a ocuparse de algo que no tiene que ver con su profesión. Esa división radical nos ha causado daño, porque el país se ha llenado de profesionales que no obtienen trabajo para poner en práctica lo que aprendieron y en otras actividades de contenido material carecen de los conocimientos técnicos para volver más productivas sus actividades. El conocimiento anda por un lado y el campo de su aplicación anda por otro.
En Honduras la mayoría de la población económicamente activa (PEA) no tiene una fuente segura de trabajo y prevalece el subempleo. Ese es quizá el principal problema de nuestro subdesarrollo que se traduce en mala alimentación, mala salud, bajos niveles educativos y que lleva al Estado a cobrar tasas e impuestos a veces en forma superior a la capacidad de los contribuyentes para poder a tender a medias esa problemática. Estamos en un círculo vicioso: la gente pobre no puede atender sus necesidades por carecer de fuentes de trabajo y no hay trabajo porque la gente no tiene la salud y la preparación que se requiere para incentivar la inversión nacional y extranjera.
Se han aumentado los suicidios, especialmente entre los jóvenes, ¿hasta qué punto ese fenómeno tiene que ver, entre otras causas, con la falta de un trabajo que les produzca a las víctimas un ingreso suficiente para llevar una vida digna? Ya hemos dicho que el trabajo no solo es fuente de ingresos económicos, sino que es un medio para desarrollar las facultades naturales de cada persona, desde lo físico hasta lo moral y espiritual. Por la falta de trabajo los jóvenes “nini” que ni trabajan ni estudian se dedican a vagar y al cultivo de todos los vicios que luego se transforman en un problema social con todas las consecuencias negativas para la sociedad.
El subempleo es un engaño para la sociedad y para quienes lo ejercen. Solo se explica por la falta de fuentes para un trabajo estable. Y como lo hemos dicho, el trabajo no es fuente de ingresos económicos, sino también de salud, de educación y de alegría cuando se ejerce siguiendo el impulso de una vocación natural como lo hace un músico o un poeta con su actividad creativa. El trabajo debe producir una satisfacción cuando se le vincula con un objetivo ético. Lo dice aquel cuento popular. Estaban dos hombres picando piedra a mediodía, se supone que bajo un fuerte sol. Alguien le preguntó al primero lo que estaba haciendo y dijo que partiendo piedras para ganarse la comida. Al peguntarle al otro, contestó que estaba preparando la piedra que se estaba utilizando para construir la catedral que tenía enfrente. El primero lo hacía por simple necesidad, el segundo con una visión moral, con un fin. Esa es unan gran diferencia que se nos presenta a todos, todos los días.
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